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ENTREVISTA

Juan Vilá: “Sólo escribo de las cosas que me generan problemas»

Juan Vilá lleva toda la vida obsesionado con su familia, a la que define como disfuncional y tarada. Le cuesta mucho concebir que existan familias felices y está convencido de que éstas esconden los peores crímenes. En su última novela, 1980, Vilá nos acompaña en su viaje al pasado mostrándonos a un niño furioso y aterrorizado, fóbico y rabioso que descubre el valor de la familia gracias a la aparición- quasi milagrosa- de su segundo padre, un elegante burgués catalán que construirá una familia donde no la había. Por el camino conocemos a una madre poderosa, una abuela dominante, un padre muerto y unos hermanos que tratan de seguir adelante a fuerza de olvidar. Toda una catarsis que al autor le ha servido para reinvidicar a su primer padre y reconciliarse con su madre, aunque cree que no tiene ningún derecho a esta «catarsis a puñetazos» que a él le ha dejado mucho más tranquilito. 

 

 

Tú idea inicial era escribir un libro en contra de la familia y al final te ha salido un alegato. Sin embargo discrepas con Tolstoi en que existan familias felices y defines la tuya como una familia normal, o sea tarada. ¿Es cinismo o realmente crees que en todas las familias cuecen habas? 

 

Yo distingo entre familias monstruosas, verdaderamente monstruosas, familias donde hay abusos sexuales, donde hay malos tratos,… todas estas cosas son verdaderamente monstruosas y luego el resto de familias, que son normales y que cada una tiene sus cositas. Lo que desconfío mucho son de las familias felices, esas familias que te parecen perfectas yo creo que ocultan los peores crímenes. Y seguramente esas familias que parecen perfectas son las más monstruosas. Por supuesto habrá familias que sean perfectas pero  a mí me cuesta mucho concebirlo. 

 

Estás convencido que los adultos son el resultado de lo que han vivido en su infancia, esto puede ser un poco descorazonador porque nada de lo que hagamos tiene consecuencias sobre nuestra existencia, tenemos ese destino final marcado. ¿Sigues convencido de esto? ¿Te lo ha demostrado la vida? 

 

A mí es una idea que me jode mucho, es una idea que no me gusta porque me parece ñoña, victimista… la idea basada en el trauma, tan de los pedagogos de los 70 y sobre todo que te cierra muchas puertas, pero es lo que digo en la novela, si analizo las vidas que mejor conozco que son las de mis hermanos y la mía propia sólo se pueden explicar desde la infancia, además lo que yo hago, desde una anécdota tomada al azar, no desde un hecho muy traumático en la mayoría de los casos, si no desde una escenita cotidiana, la aparición de nuestro segundo padre en nuestras vidas y cómo reacciona mi hermana y como reacciono yo por ejemplo. Es terrible que todas nuestras vidas se expliquen desde esa infancia. Igual es algo genético que viene de atrás, no tengo ni idea y no me voy a meter ahí pero sí, creo que somos el producto de nuestra infancia de alguna forma, o que ya estamos definidos en la infancia. 

 

Las figuras de las mujeres en el libro tanto la de tu madre como la de tu abuela son los personajes fuertes de la novela. Las calificas como “ogresas”, eres durísimo con ellas pero al mismo tiempo se trasluce una ternura escondida, está contado desde el cariño. ¿Cómo dirías que han marcado tu vida adulta tu relación con estas mujeres tan fuertes y cómo ha marcado tu relación con las mujeres?

 

Mis modelos de mujeres han sido eso, mi abuela y mi madre son mujeres muy fuertes, no creo que sean excepcionales, mujeres así ha habido muchas a lo largo de toda la historia. ¿Cómo ha marcado mi relación con las mujeres? Huyendo de ese tipo de mujer evidentemente. A la hora de buscar pareja, a la hora de enamorarme, he tenido parejas muy distintas pero todas han sido modelos no tan dominantes. También huyo de los tíos dominantes, me gusta seguir mi camino, me gusta que nadie me marque. Me gusta alguien que te deje respirar y que no intente decirte permanentemente lo que tienes que hacer.

 

En este momento en que no se puede hacer ni la más mínima crítica a las mujeres sin ser tachado de misógino ¿No has tenido miedo de retratar a las mujeres de esta manera un poco despiadada y que te acusaran de machista? 

 

No, porque está basado en modelos reales. Cuando se habla del empoderamiento de la mujer, por un lado se reclama que las mujeres sean más poderosas  y por otro cuando enseñas una mujer poderosa ¿Se van a asustar? El poder puede ser bueno o malo dependiendo del uso que se le dé. No me parece que sean mujeres tan raras, lo que no participa es de determinado discurso victimista entorno a la mujer. No había una voluntad política en ello si no la intención de retratar cuál había sido mi vida, mi historia y las mujeres que había habido en mi vida. A partir de eso no sé si se construye un discurso político porque no es lo que se pretende en ningún momento pero sí que no participa en ese discurso de victimización de la mujer, porque no creo que sea así. 

 

Si nos fijamos en concreto en el retrato que se hace de tu madre, puede ser también bastante despiadado: la describes como una mujer ególatra, que siempre está buscando llamar la atención, un poco caprichosa… ¿Cómo se ha tomado  ella el libro? ¿Se ha reconocido en el personaje? 

 

Me ha sorprendido que a todas las mujeres les ha gustado mucho el personaje de mi madre, a casi todas, me han dicho: “Qué tía más poderosa”, “qué tía más estupenda”, “Qué gran mujer”… y luego ella reaccionó en un primer momento no queriendo leer la novela. Se la llevé para que la leyera antes de entregar la versión definitiva y no quiso leerla. Pasó la pandemia, durante la pandemia se la leyó y luego me dijo: “Bueno, esta es tu versión, cada uno tenemos nuestra propia versión de la historia y habría muchas cosas que contar”, ella seguramente no esté de acuerdo con todo pero ha sido generosa y yo creo que el fondo la ha halagado, no lo ha reconocido pero yo creo que sí. A algunas personas les ha hablado de la existencia del libro para que la leyeran y para contrastar si veían así la historia familiar y a otras les ha ocultado la existencia del libro para que no la leyeran. 

 

En el libro parece como que tienes un sentimiento de culpa respecto a la figura de tu primer padre, te parece que no se ha hecho justicia con él, que en tu familia lo habéis borrado, lo convertisteis en un tabú… ¿Por qué crees que pasó eso?

 

Supongo que hay distintas versiones y que cada uno de nosotros actuó de una forma. Yo desde luego sentía absoluta fascinación por mi segundo padre, me agarré a él desesperadamente y era una forma de reivindicarle como padre único y auténtico, lo que no deja de ser – como digo en el libro- muy injusto. Cada uno reaccionó de una manera distinta, hubo quien consideró que no estaba a la altura, sobre todo teniendo un modelo posterior tan fuerte. También es una táctica de supervivencia para tres niños huérfanos, un ejercicio de seguir adelante. Yo quería reivindicarle porque me parece muy injusto. No se le puede llamar padre biológico a un señor que se muere cuando tú tienes 3 años en un accidente de trabajo. Era un padre con todas, todas. 

 

Hablas de la fascinación que ejerce en ti tu segundo padre…le idolatras, le ensalzas, le idealizas… ¿Hay algo de exageración, de leyenda o realmente era así y estás convencido de que te salvó del abismo? 

 

No lo sé. Yo siempre lo he vivido así, como esa persona que aparece de la nada y que yo al principio odio y creo que me va a robar a mi  madre… supongo que era una persona humana, con muchas carencias, pero también era un ser extraordinario, tan extraordinario como para dejar toda su vida atrás con 62 años y reconstruir una familia totalmente disfuncional y ser capaz de crear una familia donde antes no la había. Me parece un tipo bastante excepcional y bastante valiente. 

 

En el libro haces un retrato psicológico de tu hermano también bastante duro y achacas su ambición, su éxito, ese afán suyo de mejorar al miedo. ¿Por qué crees eso y de qué teníais tanto miedo de pequeños, tanto él como tú? 

 

Yo creo que los niños huérfanos, los niños que tienen un contacto con la muerte temprano, desarrollan un miedo muy arraigado, porque descubres que las cosas se pueden acabar en cualquier momento. Mi hermano y yo cada uno reaccionamos de una forma, yo reacciono de una forma absolutamente fóbica y él contrafóbica. En mi hermano seguramente influya el hecho de que tuvo mucha más relación con mi padre y pudo desarrollar la idea de que si no estaba a la altura sería también borrado y ninguneado. A mí mi hermano me daba mucho miedo, en el libro hay un absoluto amor hacia mi hermano pero claro yo estoy contando cosas sobre él. A él le ha gustado mucho el libro, a mí me sorprendió porque un día pensaba: “le va a encantar” pero por otro lado cuento cosas muy íntimas y sobre todo estoy dando mi versión. Pero le gustó tanto que se lo dejó leer a sus hijas. 

Familia de Juan Vilá

 

Después de este libro tan autobiográfico ¿No has tenido miedo que te pasara  como a Emmanuele Carrère, que tus amigos, parejas, conocidos te hagan firmar a partir de ahora cláusulas de confidencialidad o se comporten contigo de manera menos natural? 

 

Hay una persona que me lo dice, hay una persona que salió retratada en un libro anterior, una ex pareja, que siempre me dice: “esto no te lo cuento porque si no lo acabarás contando”, pero yo he tenido en ese sentido mucha suerte. Aquí no aparecen ex parejas pero en otros sí que han salido ex novias y todas han sido muy generosas. Yo normalmente antes de entregar el libro siempre se lo dejo leer a esas personas. Creo que es una putada porque yo no tengo derecho a contar. Vivo en esa contradicción permanente, es jodido, o escribes o no escribes,  porque me podría dedicar a escribir esas cosas pero si me apetece escribir tengo que correr ese riesgo.

 

¿En qué momento decides que ha llegado el momento de escribir la historia de tu familia? 

 

Yo he vivido obsesionado con mi familia siempre y siempre he querido contar la historia de mi familia, lo había intentado mil veces pero no había sido capaz hasta esta vez.  Por miedos, porque iba muy de frente y cuando intentas ir tan de frente no encuentras la forma de entrar en ellas… En realidad la novela surge de rebote contando cómo había sido la presentación de mi anterior novela en Barcelona, en el momento en el que aparece Barcelona, que era la ciudad de mi segundo padre, aparece la figura de mi segundo padre. Yo no quería hablar de él porque yo sólo escribo de las cosas que me generan problemas y con mi segundo padre no tengo ningún problema, al revés. Fue raro porque ya a partir de mi segundo padre fueron surgiendo todos los demás.  

 

¿Te ha servido de catarsis, has notado que te has reconciliado de alguna manera con tu familia después de escribir este libro?

 

Mucho, pero estoy en contra, eso es un problema íntimo del escritor y también estoy en contra porque que no tengo ningún derecho, considero que es una forma de hacer catarsis a puñetazos, que tu te quedas muy tranquilito pero has destrozado a todos. A mí me ha servido mucho para reconciliarme en dos sentidos, desde un punto de vista personal, para reconciliarme con la historia familiar, para reivindicar a mi primer padre y reconciliarme con mi madre y luego desde un punto de vista ya puramente general o teórico con la idea de familia, yo era muy anti familia cuando empiezo a escribir esta novela y creo que al final la novela se acaba convirtiendo en una reivindicación agónica, no es una reivindicación festiva, no es «Siete novias para siete hermanos», no es «Sonrisas y lágrimas», pero es la historia de un niño huerfanito, gilipollas, solo, con problemas de integración en la vida, en el colegio, disléxico perdido y que de repente le aparece ese padre que es capaz de reconstruir la familia. 

 

Ese niño rabioso, furioso como resentido al que diagnostican de manera errónea ser maniaco depresivo… ¿Qué ha quedado de esos aspectos negativos que tú reconoces en tu infancia en el Juan adulto? 

 

Todo. En la novela se nota, muy matizado, pero el miedo, la agresividad, el odio… eso sigue estando ahí y va a seguir. Se nota mucho a la hora de escribir. Creo que es una idea de Pavese, seguimos siendo aquel niño que fuimos y nada de lo que hagamos lo podrá cambiar. 

 

Me gustaría proponerte un juego: ¿Qué libro le regalarías a: tu madre, tu abuela, tu segundo padre, tu hermano?

 

Para mi madre: Los años ligeros, de Elizabeth Jane Howard. Primera entrega de una gran saga familiar. Es de hecho el libro que le voy a regalar por su cumpleaños aunque ella aún no lo sabe.

 

Para mi segundo padre: Mi segundo padre era muy lector de Chesterton y es el que a mí me lo descubre, le regalaría Ortodoxia. 

 

Para mi abuela: Celia en la revolución, de Elena Fortún. Ella, a diferencia de mi abuelo, nunca fue muy lectora. Pero yo siempre he asociado el personaje de Celia con ella, quizá porque se lo leyó a sus tres hijas. En este caso, además, Fortún, habla de ese Madrid de la guerra civil que ella también padeció.

 

Para mi hermano: Revancha, de Kiko Amat. Una novela muy intensa y adrenalínica con los aspectos más turbios del mundo de fútbol como telón de fondo.

 

¿Y el libro que a ti te ha marcado más? 

 

Más que el que más me ha marcado te voy a decir dos libros que están en la génesis de esta novela: Muerte a crédito de Celine, que es en el que él relata su infancia, que es una infancia muy descarnada, muy cabrona y el otro sería Lección de Anatomía de Marta Sanz. Los dos hablan de su infancia com mucha valentía, uno desde un punto de vista terrible y el otro en absoluto terrible pero sí muy honesto y con afán por decir la verdad. 

 

¿Qué libro crees que es imprecindible leer en la infancia? 

 

Yo es que como era disléxico empecé a leer muy tarde. Mi libro infantil favorito pero ya leido en adultos que si tuviera hijos no sé si se lo dejaría leer es el Peter Pan de Barrie. Desde la primera frase: “los 3 años marcan el principio del fin”, cuando un niño descubre la idea de la muerte, es una obra brutal sobre crueldad infantil, sobre la idea de la muerte en la infancia y sobre la idea de matar en los niños. Es una obra cruelísima. Es una obra para leer de mayor pero es sobre la infancia. Y luego libros que yo leía de pequeño, cuando aparece mi segundo padre recuerdo a mi madre y mi padre leyéndome cuentos de Gianni Rodari, un pedagogo progre de los 70, Cuentos para jugar. Recuerdo esa imagen de mi padre y mi madre, cada uno de nosotros eligiendo un final y cada noche un cuento y pensar: “¡Joder por fin tengo una familia!”

 

¿Qué libros tienes ahora mismo en la mesilla? 

 

El día del ajuste de Chuck Palahniuk

 

¿Qué generó prefieres: novela, ensayo, biografía, poesía? Recomiéndanos uno de cada uno…

 

Una novela: Arena, de Miguel Ángel Oeste. Uno de los libros que más me han gustado este último año. Angustia y hedonismo adolescente a partes iguales. Ambientado encima en los 90, que me parecen mucho más interesantes que los 80.

 

Un ensayo: El anticristo, de Nietzsche. Por su culpa estudié filosofía.

 

Poesía: El primer frío, de Joan Margarit. Un poeta que escribe para todos y no para unos pocos. Pura emoción y pura elegancia.

 

Biografía: El sobrino de Wittgenstein, de Thomas Bernhard. No es en realidad una biografía sino la biografía de una amistad y una de las mejores novelas que se han escrito sobre este tema. Bernhard se muestra tan cruel y despiadado como siempre, pero en esta ocasión también mucho más humano y hasta un poco tierno.

Pincha aquí para leer la reseña completa de «1980». 

 

 

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