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Reseñas
literarias
Miguel Delibes

La sombra del ciprés es alargada

por:
Alas Ozores
Editorial
Austral
Año de Publicación
2020
Categorías
Sinopsis
El protagonista de esta novela, la primera de Miguel Delibes, galardonada con el premio Nadal 1947, es como en tantas de sus obras. Pedro, huérfano desde la infancia, va a parar a Ávila para su educación, al hogar sombrío de don Mateo Lesmes, que le inculcará la creencia de que para ser feliz hay que evitar toda relación con el mundo, toda emoción o afecto. Sólo la vitalidad de la juventud podrá hacerle superar este pesimismo inculcado. Sin embargo, los acontecimientos parecen obligarle a recordar lo aprendido. Con el estilo impecable que lo caracteriza, Delibes traza una obra inolvidable en que la muerte, que rodea constantemente al protagonista, es vencida al fin por la esperanza.
Miguel Delibes

La sombra del ciprés es alargada

Algo muy especial tienen las primeras veces, en la vida en general y en el arte en particular. Es esa curiosidad, con un punto de morbo, que uno siente al contemplar el primer bajorrelieve que esculpió Miguel Ángel o el primer lienzo conocido de Velázquez. Por eso, cuando uno se aproxima a la primera novela de Miguel Delibes, es menester hacerlo con emoción y respeto renovados.

La sombra del ciprés es alargada ganó el Premio Nadal, galardón que ya debería llamar la atención de cualquier lector sobre esta novelilla (el diminutivo se debe a la extensión, no a la calidad). Publicada en 1948, su autor es un Delibes novato de apenas 27 años, una edad que no se ajusta a la madurez de la prosa que exhiben sus páginas. Claro que, en términos de saber estar en el mundo, los 27 de entonces bien podrían ser los 37 de ahora. Pero desvarío.

Se trata de una de esas historias de coming of age o, por ponernos técnicos, lo que la academia ha llamado una novela de aprendizaje o de formación. El protagonista es Pedro, un niño huérfano cuyo tío lo deja al cargo de un preceptor y de su familia en Ávila. El infante aprenderá de su maestro no sólo las matemáticas y la historia, sino también una visión de la existencia profundamente pesimista basada en que la receta para la felicidad consiste en que no ha de ponerse el corazón en nada ni en nadie. Esta disposición ante la vida se verá reforzada por el prematuro contacto del chico con la muerte de un ser querido.

Sólo el encuentro con el amor parecerá poner en entredicho para el protagonista aquella pétrea filosofía de vida. Se contraponen así el escepticismo desangelado del maestro y la esperanza que viene a traer la joven de la que Pedro queda prendado. Con todo, el tono existencialista, alejado en general del Delibes posterior, se mantiene durante toda la novela. El autor confesó más adelante que en La sombra del ciprés es alargada tuvo lugar una búsqueda del propio estilo, pero no parece descabellado pensar que el escritor vallisoletano también indagaba sobre la existencia. Circundan, así, los temas de la búsqueda, el amor, la tragedia y las preguntas sobre la muerte y sobre Dios. Asimismo, hay también en el libro un conato de una preocupación que Delibes mantendría en muchas de sus novelas ulteriores, la de una nostalgia acerca de Castilla vieja, amenazada por la llegada irrevocable de un progreso ruidoso y zafio.

Porque Castilla, y en concreto Ávila, es casi un personaje más durante la primera mitad de la historia. Delibes habla con verdadera reverencia de la ciudad de Santa Teresa, regalando algunas descripciones prodigiosas. Dice, por ejemplo, el autor que “la torre de la catedral sobresale al fondo como un capitán de un ejército de piedra”, que “Ávila emerge de la nieve blanca y escandalosamente blanca, como una monja o una niña vestida de primera comunión” o que “hay en las nevadas almenas algo de una espectacular geometría hornada, algo diferente a todo, algo así como un alma alejada del pecado”. “Entonces pensé que la tierra es bella por sí, que sólo la manchan los hombres con sus protestas, sus carnalidades y sus pasiones”, concluye Delibes en un pasaje apasionado.

En definitiva, hablamos de una novela de un Delibes primerizo pero en el que ya se adivinan varias de las líneas maestras de su obra. Contiene, además, la historia algún tinte autobiográfico, como la elección de carrera por parte del protagonista; su breve paso por Bilbao, donde el escritor obtuvo el título de Intendente Mercantil; o el hecho de que Pedro y su amada hagan planes de instalarse en Santander, algo que nos cuenta un Delibes recién casado que había hecho su viaje de novios en Cantabria.

El autor castellano nos lanza la pregunta de si merece la pena aspirar a las cosas grandes, aún a riesgo de perderlas, o si es preferible mirar los toros desde la barrera. Y, aunque la novela acaba con un final relativamente abierto ―eso sí, con una explícita referencia a Dios―, podemos afirmar que Delibes respondió luego a la pregunta con su propia vida.