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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Waugh, ay

 

Anoche, para refrescar mi Waugh, nos pusimos a ver la versión cinematográfica de Un puñado de polvoNo la pudimos resistir. Me acosté con una presión psicosomática en el pecho que incluso saltó las alarmas de mi hipocondría. Yo padezco una alergia al adulterio. Tanto que Ana Karenina lo leía a saltos, buscando sólo la historia de Kitty y Levin.

 

Como en la cama la presión en el pecho no me dejaba dormir, le contaba a mi mujer mi rechazo cerval al adulterio; pero ella estaba más impresionada con que tuvieran al pobre Tony Last leyendo continuamente a Dickens.

 

 

Encamado empecé a escamarme. Tampoco está tan mal leer a Dickens, aunque no sea Shakespeare, comparado con la jugarreta innoble de los cuernos. Insistía: «Sí, sí, pero la mujer…» Y mi mujer: «Sí, ya, bueno, pero lo de Dickens…»

 

Vi que la cosa no tendría solución, y decidí apagar la luz, mirar al techo y pensar en Retorno a Brideshead. ¿Por qué perdono, me pregunté, los adulterios de Julia Flyte y Charles Ryder? Supongo que por un puñado de razones. Primero, se les entiende el atractivo, no como a John Beaver y la boba de Brenda. Y después, ellos son los primeros en no trivializar la cuestión.

 

Se me pasó la presión en el pecho. Me dormí. Hoy sólo me queda la reseca del resquemor de lo de Dickens.

 

 

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