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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Vespa y vocación

Por el día del libro, estuve —virtualmente— en el colegio Las Chapas, de Marbella, hablando a las chicas de la condición y las circunstancias de ser escritor. Al explicarles la vocación, conté que se escribe sin pensar en la repercusión pública ni, mucho menos, profesional que eso puede tener, para uno mismo, por puro instinto lingüístico, pero que, por el azar de algún premio y algún reconocimiento, uno termina involucrándose más. Es lo que los pedagogos llaman «reforzamientos positivos», añadí, pedante.

 

Menos mal que esta vez  me di cuenta a tiempo de que eso no era toda la verdad ni nada más que la verdad. Los fracasos también han sido fundamentales e indispensables. Y les recordé uno.

 

Con dieciocho o diecinueve años, iba con una amiga en mi vespa y paramos a la luz de una farola para que no se rompiese la noche de verano (orilla al mar salado). Yo le recité algunos poemas míos. No la impresioné nada, salvo en la risa. Yo me iba amoscando. Pensaba cómo era posible tanta insensibilidad en tanta hermosura. Y, de pronto, atisbé una estrategia. Le recité, como si fuesen míos, los poemas de otros. Y entonces, de pronto, se produjo la metamorfosis, el entusiasmo, el éxtasis, el chispear de estrellas y el suspirar de fuego.

 

Lo que no entendió mi amiga fue mi repentino apagamiento. Me empeñé en volver a casa, que se hacía tarde y refrescaba. La dejé en la suya con prisa. Y me volví a la mía metiendo puño ya sin disimular, tumbándome en las curvas. Me pasé la noche en blanco estudiando a los maestros hasta con fiereza. ¿Qué era aquello que estaba en sus poemas y que faltaba en los míos?

 

Todavía sigo buscando. Han pasado más de 30 años y siento un escalofrío cada vez que paso junto a la farola que fue testigo de aquello. Pero lo importante es que llegué a tiempo de decirle a las niñas del colegio que no sólo los éxitos nos configuran, sino también las decepciones. Quizá la vocación es eso: incorporar tanto los aplausos como los bostezos como los abucheos en la configuración de un destino. Nada sobra.

 

 

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