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un blog de enrique garcía-maiquez

Una pancarta infame

Poco nos hemos escandalizado con la pancarta en defensa de Stalin -sí, nada menos que de Stalin- que se fotografió colgada del balcón del Ayuntamiento de Valencia este lunes, justo el día de conmemoración de las víctimas de ese infame genocida.

 

La pancarta a favor de Stalin en el Ayuntamiento valenciano ha quedado prácticamente como una anécdota, con el argumento de que solo se exhibió breves momentos, que fue cosa de unos muy comunistas visitantes del consistorio, que la desplegaron y la replegaron a continuación, que va a investigarse, y que, en fin, ¡qué se le va a hacer!

 

Pero es relevante. Mucho. El escándalo habría sido mayúsculo, y su eco habría durado semanas, si algún loco hubiera desplegado, allí mismo o en algún otro balcón consistorial, una pancarta en defensa de Hitler, cuandoestá acreditado que el número de víctimas del estalinismo fue mucho mayor al del nazismo. Y no solo porque tuvo más tiempo para cometer sus crímenes, sino porque le acompañó -y aún le acompaña- más comprensión de todos los turistas del ideal que, durante décadas, visitaron la Unión Soviética y ahora parecen añorarla tanto que querrían que reviviera.

 

Para todos ellos, por ejemplo y aunque resulte anticuado, queda la amplia obra de Solzhenitsyn, como víctima directa. Queda, también por ejemplo, el retrato de Koestler, en sus Memorias y en su excelente El cero y el infinito.

 

Lo que quieran menos banalizar a un genocida con pancartas infames.

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