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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Un libro

Les digo a mis alumnos que, si vamos a dar 96 horas de clase en el curso, el hecho de estar con ellos hablando de lo que ya me sé de memorieta me impedirá escribir un libro. Más o menos mi velocidad de escritura es un folio por hora, así que, pasado por imprenta, podría tener un volumen de 150 páginas, más o menos, si cambiase mis horas de clase por horas de escritura.

Tiene todavía tanto prestigio el libro que ellos, que apenas leen, se quedan muy impresionados y casi se apenan de sopesar el sacrificio que va a suponer la asignatura. Podemos bromear después con que me regalan todas las horas encantados, si los apruebo, pero el impacto inicial ha sido sincero. Yo les quito la noble preocupación por dos razones.

La primera. Que el curso tiene muchísimas más horas que esas 96 que son de ellos de pleno derecho. Si no escribo ese libro hipotético será por pereza, por falta de talento, por cansancio o por escribir otras cosas. La segunda, que la clave no está en escribir por escribir al peso y que ya tengo demasiado exigidos —perdonadme— a mis lectores. Ellos agradecerán mis 96 horas lejos del ordenador. Les cuento que uno de los grandes, T. S. Eliot, estaba encantado de haber tenido que trabajar de oficinista en un banco porque así no pudo escribir más que lo indispensable. Un trabajo hace de dique contra las inundaciones, y a veces hace falta. El suyo no impidió a Eliot ganar el Nobel.

Yo no se lo cuento, les cuento, para hablar de mí ni tan siquiera de T. S. Eliot, aunque luego presumiré, les aviso, de que con mis alumnos de FP habló de T. S. Eliot, y a ver de qué lo hacen en las clases de Bachillerato, eh. Si lo digo es porque ellos también podrían hacer maravillas con sus 96 horas, según sus gustos y aficiones. Que lo piensen, les pido. Pero tenemos que estar aquí y hemos de aprovecharlas también porque sabemos lo que valen 96 horas en sus vidas, en la mía y en la de T. S. Eliot, ya puestos.

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