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un blog de enrique garcía-maiquez

Un hurra por la justicia independiente

 

Hay semanas que vienen cargadas de buenas noticias: ¡tres del Tribunal Constitucional y una del Tribunal Supremo, y las cuatro en menos de una semana! Es tan inhabitual que conviene celebrarlo con un hurra por la justicia independiente.

 

El martes, el Constitucional anunció que ha estimado el recurso de amparo que presentó Vox contra la suspensión de los plazos en el Congreso de los Diputados que decidió la Mesa de la Cámara al inicio de la pandemia con los votos de la mayoría que sostiene al Gobierno. El Tribunal Constitucional declara que suspender esos plazos vulnera el derecho fundamental de participación política de los diputados como representantes de la soberanía nacional. Primera buena noticia que, en un país normal, haría tambalearse al Gobierno. Aquí no pasa nada, ya lo sabemos.

 

La segunda, también con su origen en el Tribunal Constitucional, consistió en respaldar la vigencia de las órdenes de detención y entrega de Puigdemont. Es decir, el Constitucional desestimó el recurso de amparo interpuesto por los golpistas fugados. Para que no haya dudas… al menos en lo que a los tribunales de justicia se refiere.

 

Y sólo un día después de declarar inconstitucional el cerrojazo a la actividad parlamentaria con la excusa de la pandemia, y de respaldar las órdenes de detención y entrega de Puigdemont, el Constitucional anuncia su aval a la reforma que introdujo el Gobierno Rajoy en el Código Penal en 2015 para imponer la pena de prisión permanente revisarle para los delitos más graves. Pues ¡viva el Constitucional!

 

El rechazo de la izquierda a la prisión permanente revisable tiene su historia. En enero de 2015, y con los únicos votos de la mayoría absoluta que en ese momento tenía el PP de Rajoy, el Congreso aprobó la reforma del Código Penal que incluía una nueva redacción del artículo 140 sobre la prisión permanente revisable para imponer una pena mayor para asesinos especialmente sanguinarios. Un artículo que dice textualmente lo siguiente:

 

“1. El asesinato será castigado con pena de prisión permanente revisable cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:

 

1.ª Que la víctima sea menor de dieciséis años de edad, o se trate de una persona especialmente vulnerable por razón de su edad, enfermedad o discapacidad.

 

2.ª Que el hecho fuera subsiguiente a un delito contra la libertad sexual que el autor hubiera cometido sobre la víctima.

 

3.ª Que el delito se hubiera cometido por quien perteneciere a un grupo u organización criminal.”

 

 Tras su paso por el Senado, la reforma fue finalmente aprobada en marzo de ese 2015, e inmediatamente toda la oposición presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional, que lo admitió a trámite en junio de aquel año. Aún no existía ni Podemos, ni Ciudadanos, ni Vox… pero se unieron para recurrir ante el Tribunal Constitucional el PSOE, la extinta Convergencia i Unió, el PNV, las desaparecidas UPyD e Izquierda Plural, así como la mayor parte de quienes entonces integraban el Grupo Mixto (no había Grupo Plural).

A la vez que recurría, el PSOE anunciaba que la derogación de la prisión permanente revisable sería su primera medida de llegar al Gobierno. En otoño de 2017, en los mismos meses en los que los separatistas catalanes intentaban su golpe secesionista, una coalición formada por el PSOE, PNV y Podemos, con el respaldo de otros compañeros de viaje como Bildu o Compromís, presentaron una proposición de ley para la derogación de la prisión permanente revisable.

El padre de Diana Quert, junto a otros familiares de víctimas de horrendos asesinatos, encabezó una iniciativa ciudadana de recogida de firmas -a través de la plataforma Change.org- en contra de la derogación de la prisión permanente revisable. Las firmas llegaron por millones, y días antes de la votación de la proposición de ley, habían logrado recolectar nada menos que tres millones de firmas.

El 15 de marzo, el Pleno del Congreso rechazó las dos enmiendas a la totalidad con las que PP y C´s intentaron frenar esa iniciativa legal para la derogación. Quizá esa votación fue un primer aviso de la capacidad de acuerdo de la coalición Frankenstein que, solo dos meses después, partiría en dos la XII Legislatura con la moción de censura de mayo contra Rajoy.

Eso sí, una vez llegado al Gobierno, Pedro Sánchez no ha tenido el más mínimo interés en que continuara su tramitación aquella iniciativa de derogación de la prisión permanente revisable que esta semana, el Pleno del Tribunal Constitucional, ha avalado muy mayoritariamente. Ni en la media legislatura de la moción de censura ni en las dos siguientes. Quizá se dio cuenta de que es una medida con un amplísimo respaldo ciudadano.

La cuarta buena noticia desde los tribunales llegó el jueves del Supremo. La Sala Segunda del alto Tribunal ha condenado al diputado de Podemos Alberto Rodríguez por un delito de atentado a la autoridad consistente en propinar una patada a un policía. Los ministros de Podemos se apresuraron a desacreditar al tribunal (¡al Supremo!) para defender a su diputado condenado. Si hubiera sido de cualquier otro partido, habría dimitido hace ya muchos meses. Y solo porque es de Podemos se mantiene la duda de si, pese a la condena de inhabilitación, se aferrará al escaño. No parece muy razonable que un representante de la soberanía nacional mantenga su escaño después de haber sido condenado por patear a la policía, pero eso aún no está ganado.

La quinta buena noticia llegó el viernes, esta vez de los juzgados ordinarios. El juzgado de instrucción número 29 de Madrid ha citado a declarar como imputado al presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos. La Fiscalía se había opuesto, pero el juez le cita a declarar a raíz de una querella que interpuso Vox por un presunto delito de malversación de caudales públicos. Tendrá que presentarse ante el juez el próximo 29 de octubre a las doce y media del mediodía.

Cinco muestras en cinco días de que la Justicia en España funciona. Será lenta, a veces exasperantemente lenta, pero está ahí. Un hurra por ella.

Tengo un sexto motivo de celebración que enlaza con estos cinco. Esta semana, un amable caballero me ha hecho llegar un ejemplar de un librito de Chesterton que recopila algunos artículos suyos con recomendaciones “Para ser buen periodista”.

Que Chesterton era un genio es un dato evidente. Que es capaz de sorprenderte en pocas líneas, también. Abrí el librito aleatoriamente y miren lo que nos decía el maestro: “La gente que realmente tiene razón está siempre mal representada”. ¿Injusticias de la vida? No. Hay que seguir leyendo: “No está mal representada por sus enemigos, sino por sí misma”.

 

Habrá que seguir leyendo.

 

 

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