X
LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Tres quevedos

Hasta que no he imaginado la punta epigramática que le habría sacado don Francisco de Quevedo, señor de Torre de Juan Abad, no he vencido el repeluco de observar que, justo a la salida del hospital, han plantado unas oficinas de servicios fúnebres con un cartel enorme e iluminado. A través de los siglos, la carcajada sarcástica de don Francisco me ha recuperado un poco.

 

*

 

Dice el sacerdote que los que «tengamos necesidad» de comulgar en la boca nos pongamos al final. Pero sigue habiendo comulgantes manuales que se quedan los últimos, con una extraña devoción, que puede ser humildad, o quién sabe. El caso es que los necesitados en la cola nos señalamos con el dedo la boca continuamente, para explicar a los otros que nos quedamos detrás no por fastidiarles el último puesto (¿serán los primeros?), sino para recibir la comunión en la lengua. Hoy lo he visto tantas veces que se me ha ocurrido que podría terminar cristalizando en un signo reaccionario de reconocimiento secreto. Enseguida, he vuelto a pensar en Quevedo: «No he de callar, por más que con el dedo/ tocándote la boca o ya la frente/ silencio avises o amenaces miedo».

 

*

 

Leonor nos insta a la limpieza más absoluta en la cocina porque «las migas atraen —horror— a las hormigas». Yo le veo tal belleza verbal a la frase que daría para un poema menor, como un romance —perdón— de Góngora —tipo hermana Marica— que casi me dan ganas de hacer de Pulgarcito para que no nos falte la rima humilde y graciosa en la cocina.

También te puede interesar