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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Sin madre

 

Leonor estaba pasando una auditoría en la bodega y saliendo muy temprano y llegando muy tarde. Yo me encargué en solitario de empujar a los niños por la mañana. Y los zapatos de Enrique no aparecían. Tuvo que ir con zapatillas de deporte, a pesar del uniforme y la chaqueta azul. Quedaba gracioso, pero a él no le hacía gracia. Temía la bronca en el colegio. Yo le dije que era mejor recibirla y dar alguna explicación que perder el autobús. Se fue fastidiado, arrastrando… las zapatillas de deporte (y despeinado, además).

 

Ese enfurruñamiento estoico me recordó de inmediato a los dos niños que habían perdido a sus madres que había en mi clase, o tres en mi entorno. Con ese pensamiento novelesco de los niños que hacen desear un brazo roto por la escayola en la que los amigos hacen dedicatorias o una brecha impresionante con los hilillos negros de los puntos como de pirata, veíamos algo admirable en el aire de esos niños. Efectivamente, despeinados. También con el uniforme mal puesto. Mucho más indiferentes que el resto a las admoniciones del profesor y al vaivén de las notas. Eran chicos duros, más viriles, quizá por la testosterona sin equilibrio en sus casas; también porque habían visto a la muerte y tenía sus ojos, los de su madre. En cualquier caso, eran más desordenados, lo que yo inconscientemente confundía con más libres.

 

Como a mi hijo lo conozco como si lo hubiese parido, y lo vi salir despeinado y fastidiado en los dos días de simulacro de viudez, comprendí cuánto sufrimiento hondamente aceptado había en esa orfandad sin lágrimas ni lamentos. Y he sentido una nueva admiración por aquellos compañeros, distinta, mejor.

 

 

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