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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Samu

Los Reyes Magos nos han traído un canario. Aquí hago el anuncio oficial.

 

Como es blanco, aposté fuerte por ponerle de nombre «Güelfo», siendo además el año Dante. En casa de mis amigos los Merello, siempre ponen a los animales nombres que remitan directamente al año de su nacimiento, como una manera de llevarles las cuentas. Tuvieron un bull-dog llamado Schwarzkopf, que había nacido en 1991, año de la guerra de Irak. Pero el canario, aunque es de todos, nominalmente (¡precisamente!) es de Carmen, que es a quien los Reyes se lo pusieron. Y en esta casa, somos muy de respetar la propiedad y el altísimo privilegio adánico de poner nombre a lo propio. Carmen escogió «Samu». Lástima, aunque una ventaja permanece de que sea blanco. Nunca, si en broma, me podré recitar esta copla fúnebre del maravilloso Paco Vighy:

 

Cuando se murió el canario

puse en la jaula un limón.

Soy un caso extraordinario

de imaginación.

 

A bote pronto, pensé que era por «Samuel»,  שְׁמוּאֵל, «Aquel que escucha a Dios», Y me pareció bien.

 

 

 

 

La niña me sacó enseguida de mi error. «Samu» viene de «Samurái». Y a mí, lector cíclico de Inazo Nitobe, me pareció mejor. O casi mejor, para no resultar herético. En principio, me explicó Carmen, el nombre se debe a sus movimientos, que parecen una kata de kárate o de katana: veloces, secos y precisos. Está muy bien visto, pero, aprovechando, repasamos las siete virtudes del bushido:

 

 

 

 

Observamos luego si «Samu» las gasta. Desde luego, «Yu» tiene de sobra. No le da ningún yuyu la fijeza con que lo mira Aspa, nuestra perra, que a nosotros nos tiene —todo hay que decirlo—  con el corazón en un puño. «Samu», sin embargo, está a un tris de empezar a decir: «He visto a una linda  perrita», como «Piolín». Más aún, hay una virtud de «Samu» que me parece una lección moral. Cuanto más jaleo hay alrededor, más alto canta, imponiendo su canción contra viento y marea, sin rendirse. La televisión (que también nos han traído —ay— los Reyes) le rebela. La tranquilidad en cambio le amodorra. Su lírica es épica. Ha llegado, aunque no se llame «Güelfo» en el momento preciso, en el año adecuado.

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