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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Robar está mal

 

Patricia Highsmith no eran tres hombres con nombre de mujer para recibir un premio literario muy bien dotado económicamente. Ella era solo una mujer. Muy fea, sin duda, pero con una habilidad mágica para dar vida a personajes dramáticamente reales en novelas fantásticamente escritas.

 

Mi personaje favorito es Mr. Ripley, un hombre verdaderamente talentoso. Derrochaba tanto talento que pudo permitirse un ciclo de novelas de la Highsmith y un par de enormes películas.

 

Pero lo mejor de Mr. Ripley es que la precisa definición del personaje que cinceló su creadora nos permite reconocer a todos sus hijos, nietos, primos, parientes lejanos y emuladores de todo a cien que habitan, habitaron y habitarán entre nosotros. Son personas sorprendentemente ficticias, con una extraordinaria capacidad para mostrarse encantadoras, serviciales y solícitas mientras van labrando su ascenso; personas (personajes) que saben emular actitudes y capacidades que ni tienen ni les importan, porque lo relevante es confundirse con lo que en cada momento convenga para continuar su ascenso; personajes que de tanto aparentar lo que no son acaban creyendo -como Mr. Ripley- que lo son. Y que terminan cayendo por lo mismo que tantos cayeron sin talento alguno: por la funesta manía de robar.

 

Pero, ¿cómo puede criticarse el robo de solo cosas, o de solo dinero, cuando el robo primigenio fue el de una personalidad que no era la suya, de unos principios que no tenían, de una visión de la vida que emularon mientras convenía? Da igual que se pueda o no, porque lo relevante es que está acreditado que -en la vida real que tan bien noveló la Highsmith- todos los Mr. Ripley que nos rodean acaban tropezando porque les pillan robando… por la funesta manía de robar.

 

Alguien debió decirles, mientras derrochaban tantísimo arte en simular ser lo que no son, que robar está mal.

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