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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Retoca la rosa

A veces la vida hace unos bucles que te tienes que reír, como si ella también estuviese tomando rotondas a la redonda.

El otro día vi que un alumno me miraba con cara de decepción. Me la merecía porque la clase era mala. Y me encantó el gesto, totalmente involuntario del alumno. Pensemos que para decepcionar a alguien primero hemos tenido que ilusionarlo o, aun mejor, esperanzarlo. Los que no atienden no pueden decepcionarse. El desengaño es privilegio de los mejores.

Recordé entonces algo que decía Miguel Ángel Buonarroti; y que viene bien para este tiempo pascual, y para esta vuelta al blog renovado. La verdadera obra de arte tiene que pasar por la vida, la muerte y la resurrección. Su fin es el cuerpo glorioso, más allá del gozoso, que estuvo bien para un rato. Quería decir que la primera versión tiene que estar viva, emocionar, ser chispeante, sí. Pero que, a base de correcciones, el artista se la tiene que cargar: debe rematarla, como dice la bellísima polisemia. Algo así como aquello contra lo que avisaba JRJ: «No le toques ya más/ que así es la rosa». Pues tocarlo más, hasta que la rosa se mustie, pero confiando en que después habrá de resucitar. Eso mismo también a los ojos de quienes nos aman o admiran o, como en el caso de mi alumno, nos escuchan. La ventaja del proceso es esencial, porque con la resurrección aprenderán también que lo importante no era lo que uno ponía, sino otra cosa por encima.

¿Y la rotonda que decía? Pues porque llevo un día muy obsesionado con las rotondas, como contaré mañana y pasado mañana; pero también porque esa cita de Buonarroti la comenté el otro día con Dani Capó y justo hoy —como dando una vuelta de 360º— le leo un artículo sobre cómo tienen (tenemos) que ser (ay) los maestros, que me anima o me exige la susodicha resurrección.

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