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Reseñas
literarias
Isabel Bono

Los secundarios

por:
Nieves B. Jiménez
Editorial
Tusquets
Año de Publicación
2022
Categorías
Sinopsis

«Hay en la literatura de Isabel Bono mucho veneno, veneno del bueno.» Fernando Aramburu Rubén y Amalia, en otro tiempo cuñados, coinciden en el portal del descomunal edificio de apartamentos en que viven. No solo descubren que son vecinos desde hace tiempo, sino también que ninguno de los dos se ha sentido nunca protagonista de su propia vida. Por miedo a hacer o hacerse daño, han ido a remolque de los deseos de los demás: Rubén, tratando de encajar en su familia, con el temor permanente a ser rechazado; Amalia, egoísta y mentirosa, compitiendo con su hermana desde niña. Primero por separado y después juntos, intentan poner en orden sus recuerdos, y dar un sentido a lo que han sido sus vidas hasta ese día. Los secundarios da voz a dos de los personajes de Diario del asco (2020) que quedaron en un segundo plano, de los que solo intuíamos cómo eran por boca de Mateo, hermano de Rubén y exmarido de Amalia.

Isabel Bono

Los secundarios

Durante mi estancia en Nueva York tuve como compañero de piso al silencio hecho persona. No hablaba. No hacía ruidos. Que dirán ustedes: «Ventajas sólo veo». Pero no. La tristeza te inundaba cuando coincidías con él. Entraba en la cocina y no articulaba ni una vocal. Si no era porque yo le decía «buenos días», él ni abría la boca. Por supuesto, iba con sus auriculares todo el día, por lo que el aislamiento era doble. Tras mi «¿qué tal las clases?» venía su escueto «bien, todo O.K».

Lo peor es que mi habitación daba pared con pared con la suya y, cuando venía su novia a casa (ella tenía que visitarle porque él jamás salía, salvo a clase), tenía que soportar su único momento de expresión. Un día se lo comenté porque los ruidos se escuchaban en Sebastopol. Para qué más… me regaló un White Noise, ese dispositivo que se supone enmascara cualquier ruido de fondo. El horror. Escuchar esa especie de zumbido todo el día evidenció aún más esa soledad sonora. Me exasperaba más y más. Para colmo, él siguió siendo el chico solitario y silencioso de siempre.

Es el signo de nuestros días: La individualidad. Seres solitarios, singles, aislados. De esto — la soledad — va Los Secundarios, de Isabel Bono. A nuestro alrededor, todo en apariencia es alegre, pero la realidad siempre posee un fondo melancólico. Miren a su lado, cuánto tipo triste que parece alegre; cuantas conversaciones de parejas que parecen acabar bien y, sin embargo, destilan ese punto de incomunicación y soledad y, en ocasiones, desembocando en una descarga de apatía y dejadez, hasta que llegan las separaciones, desolación, hijos faltos de amor con un regusto amargo…

Los secundarios es una especie de spin off de su anterior obra, Diario del asco. Los personajes secundarios cobran vida. Bono da voz a dos de sus personajes que permanecían como fondo de armario, Rubén y Amalia, que pasan ahora a ser centrales y se van entrelazando. Es una especie de polifonía del relato. Una serie de monólogos exteriores van dando rienda suelta a confesiones que nunca imaginaron antes. Componen a partir de ahora un cuadro que ellos, hasta ese momento, no llegaban a ver pero intuían. Esa intuición es la que al final les salva. Amalia y Rubén se reencuentran por casualidad porque descubren que ¡viven en el mismo edificio desde hace años!

Entre la seriedad y el humor

Si una novela está compuesta de muchas partes independientes, unidas tan sólo por el estilo del autor, aquí cada capítulo, cada párrafo, es la creación de un mundo. Si partimos de que una familia es una organización compleja  —cuánta buena voluntad malinterpretada y también cuánta impostura—, con tantos roles asumidos, para la autora fue verdaderamente tentador examinar qué había tras los roles de Rubén y Amalia. ¿No han notado que vamos desconociéndonos a medida que pasa la vida? Esto define el recorrido de cada personaje, navegando entre la seriedad y el humor; el patetismo y la ironía. Les aseguro que cada una de las voces es creíble: sus manías, situaciones y miedos son totalmente verosímiles; Y la disección, desde la que saltamos de una historia a otra, tan perfecta que resulta tierna a la vez que cruel. Hablan del dolor, la tristeza, la muerte y la soledad; desde la intimidad de los objetos, de las ropas, sombras, habitaciones o las medias voces. Hay un verso de Darío Jaramillo que dice que los recuerdos son respiración, y aquí rozamos el reproche al padre, a la madre, al hermano… Una vez leí que, por mucho que quieras esconder ese dolor, los olores no los puedes esconder bajo la alfombra.

La amistad, que es un milagro

De alguna forma todos somos supervivientes. «Somos vida por definición», leemos en un fragmento. Y estos personajes están dispuestos a sobrevivir. Aprovechen la amistad, que es un milagro verdadero. En Memorias de heterodoxas de un político de extremo centro, el exministro Margallo cuenta un sucedido que nos acerca bastante a esta vida aislada. Un día, estando en el Congreso — en1991—, se acercó a Rajoy y le preguntó:

— Oye, Mariano, ¿tú estás soltero?.

—¿Y a ti qué coño te importa?

— Me importa, y mucho. — contestó al gallego. — Me he separado de mi mujer, tengo un barco en Ibiza y ando buscando un colega que quiera pasar conmigo el verano.

— Ah, entiendo, cuéntame.

Lo que les decía al inicio, no salimos de nuestra soledad hasta que algo de nuestro interés o algo inesperado nos toca.

Una obra corta que al entrar no aburre. Sus capítulos están escritos como si cada uno fuera una historia independiente, de manera que podrás ir completando la trama, retomándola con el paso del tiempo. Situaciones en principio desastrosas, pero que se van remediando a través de una fina hebra de esperanza. Sencillamente, seres humanos.

No es necesario encontrarse en un estado de ánimo determinado cuando la tengan en sus manos, simplemente léanla con una media sonrisa y déjense llevar por la trama. Como dice Pessoa, «si no me quiero encontrar, / ¿querré que me halléis vosotros?». No estaremos ante un final feliz, pero sí sereno.