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Reseñas
literarias
Rodrigo Cortés

Los años extraordinarios

por:
José María Contreras
Editorial
Literatura Random House
Año de Publicación
2021
Categorías
Sinopsis
Los años extraordinarios recoge las memorias de Jaime Fanjul, nacido en Salamanca en 1902 en el seno de una familia burguesa apasionada por las serpientes, y nos propone un recorrido valleinclanesco por el siglo XX a través de sus recuerdos y viajes. No hay clave fundamental del siglo que esta prodigiosa novela no evoque: de la llegada del mar a Salamanca al breve auge de los coches impulsados por el pensamiento; de la terrible crueldad de las cárceles portuguesas a la guerra de los de Alicante contra España (y los holandeses contra el resto del mundo); de las hazañas del Miseno, barco submarino transitador de túneles, a las insólitas habilidades de los teósofos, capaces de levitar unos centímetros por encima de la silla; de la llegada #boca abajo# del hombre a la Luna al cambio de ubicación de la ciudad de París en 1940. En Los años extraordinarios caben los niños con poderes antiguos, los esclavos que aterrorizan a sus amos, los fantasmas con ropa de sastre, las jovencitas de ochenta años, los judíos que cambian el tiempo, las peleas a puñetazo limpio con monjas bravas, los talleres de estropear cosas... Jaime Fanjul recorre el mundo contando lo mucho que le pasa y lo poco que aprende. Serio, observador, sin queja, rememora su camino con humor imprevisible y aliento poético.
Rodrigo Cortés

Los años extraordinarios

Aunque su primer largometraje no pasó desapercibido, fue el segundo, Buried (2010), el que puso el nombre de Rodrigo Cortés en el candelero. La película encantó a todo el mundo y recaudó 19 millones de dólares, pero como trata de un hombre que despierta dentro de un ataúd, no la he visto ni la pienso ver. Quizá no resulte tan claustrofóbica como imagino, pero pretendo quedarme con la duda; de hecho me la llevaré a la tumba a modo de homenaje.

Si bien no estoy muy pendiente de lo que Cortés hace como director, lo escucho devotamente en el pódcast Todopoderosos, donde, entre bromas y veras, departe sobre cine y otros temas culturales con Arturo González Campos, Juan Gómez-Jurado y Javier Cansado. Frente a un micrófono, Rodrigo Cortés resulta magnético. Diría que es un excelente divulgador si no fuera porque apenas queda un payaso que no se proclame tal. Podría decir comunicador, pero estaríamos en las mismas. La cuestión es que Cortés tiene un don para descubrir el valor de cuanto tiene delante y una innegable aptitud para trasmitirlo. Es un orador mesurado y sin adanismos, pero al mismo tiempo de un entusiasmo contagioso. En suma, escucharlo es ponerse deberes.

También lo leo a menudo en la contra de ABC, donde se dedica al erótico, a veces fonético, desempeño de “desnudar palabras”. La sección se llama Verbolario, está inspirada en el diccionario diabólico de Ambrose Bierce y se consagra a demostrar que las palabras no siempre son lo que dicen ser. Un ejercicio diario de agudeza semántica por parte de alguien que, se diría, va por la vida rumiando palabras. Un ejemplo: “Exultación: Imitación dramática de la alegría”. Otro: “Mito: Realidad protegida con contraseña”.

Por eso, tras comprobar que no contaba la historia de un emparedado ni otras asfixias por el estilo, me hice con su segunda novela, publicada el año pasado por Random House. Se titula Los años extraordinarios y narra la vida, o la huida, de un tal Jaime Fanjul. No serviría de mucho que les contara aquí su argumento porque es un libro indestripable, un libro que ni siquiera se puede parafrasear porque la forma es el fondo, lo cual siempre es indicativo de buena literatura.

Su protagonista y narrador es apenas nada en realidad, una oquedad, una especie de Bartleby siempre en la antesala de la decisión. Ahora bien, a diferencia del personaje de Melville, su pasividad no se traduce en quietismo, sino que, abandonado a los acontecimientos, va arrastrados por ellos de aquí para allá en un mundo que no es el nuestro aunque se le parece. Dice al final de la novela: “Yo, que a tanta gente he conocido, no he sabido conocerme”. Y es así: primero porque el conductor de la historia permanece indefinido, líquido; y segundo porque, al mismo tiempo, el resto de personajes están perfectamente cincelados. El desfile de secundarios es inolvidable, y diría que el autor muestra un pulso especial con las mujeres y los anarquistas, tan fascinadoras las unas como fascinantes los otros.

En las muchas reseñas que han sido publicadas sobre Los años extraordinarios, se la ha querido emparentar con un sinfín de autores, supongo que por la estupefacción que provoca el hecho de que un autor aparezca como de la nada con un estilo ya maduro, sólido, acabado. Hay que considerar, no obstante, que no es su primer libro: la editorial salmantina Delirio tiene en su catálogo una novela anterior, así como dos volúmenes de breverías. Y, por otra parte, qué más da. A nadie se le pide novedad, entre otras cosas porque sería una petición bastante ilusa, sino calidad; y aunque en el cine para mí está por ver, en la literatura el señor Rodrigo Cortés está cargado de razones.

Temática
Novela libérrima sobre un tal Jaime Fanjul
Te gustará si:
Necesitas que una obra se justifique en cada línea
Dónde leerlo:
En un bar canalla
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