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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Reacciones II

 

Los domingos, ya saben, trabajan ustedes con los comentarios que me hayan ido dejando durante la semana.

 

A la entrada girardiana, que yo veía impecable y hasta de utilidad pública, el poeta Rafael Benítez Toledano, el último bohemio, me comentó esto tan desconcertante: «Ay, Enrique!! Se ve que las señoras —excepto la tuya— no son lo tuyo». No termino de ver donde se ve que no, pero (argumento de autoridad) si lo dice él, pues será verdad.

 

Pablo Velasco aceptó mi propuesta de buscarle un nombre clave a AIS. Buena señal. Pero no le gustó ni Criptana ni —para su libro— Fronda. Proponía Nataliaginz[guiño-guiño]burg. Argumento de autoridad. Si lo dice él, pues será mejor.

 

Lo más triste, sin embargo, estaba por venir. En la comida, como llevo haciendo durante una década, para incitar la curiosidad de mis hijos, informé de que había escrito en Leer por leer una historia de la Divina Comedia. Ya tendría que haber sospechado yo de que ellos no diesen, como solían antaño, un salto en sus asientos. Añadí: «Os la contaría, pero es demasiado terrrrible [sic] para vuestros tiernos oídos», Esto era infalible hasta anteayer. Pero siguieron comiendo y hablando de sus cosas, tan divertidos, sin el más mínimo ruego por las vicisitudes de la vida y muerte de Guido de Montefeltro, que es quien ilumina, como consuelo para él y para mí, la cabecera de esta entrada. Mi autoridad narrativa se desvanece. La preadolescencia amenazante asoma.

 

Con todo en contra, no he caído en la más mínima melancolía. Más bien estoy exultante. ¿Por qué? Porque Andrés Trapiello —fino, deslumbrante, inesperado— me mentó el viernes en El Mundo:

 

 

 

 

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