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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Reacciones I

Estoy encantado en esta nueva casa de mi viejo blogg, pero, como nada es perfecto, aquí no puedo recibir vuestros comentarios, que eran lo mejor de Rayos y truenos, aunque, como todo es para bien, he encontrado una solución providencial. Resulta que los domingos me he propuesto no trabajar, como mi abuela. Cada domingo voy a recoger los comentarios que vaya recibiendo por detrás de mis lectores, mientras yo me voy a dar un paseo breve hasta la Calita (véase la foto supra).

 

Victorias de don Quijote

Esta entrada tuvo dos comentarios gloriosos. El primero de mi tío José María, siempre epigramático, sobre don Quijote: «Su mejor triunfo, la lealtad de su escudero»

 

El segundo de mi admirado Ignacio Jáuregui. Es mi agente de viajes. Cuando me entran ganas, cojo algún libro suyo sobre el particular y mucho que mejor que si fuese, porque yo no vería lo que él ve. Hasta a la India me ha llevado:

 

Y en su otro libro, 50 ensayos de secesión, me llevó literalmente, de polizón escondido en el epílogo, que lo escribí yo en el papel de sedentario agradecido. Agradecimiento que no cesa, porque me hizo notar que Nabokov ya había visto que el vaso de las victorias de don Quijote estaba medio lleno. Fotografió el fragmento de El curso sobre el Quijote Yo, ya amparado por el principio de autoridad, me puedo dedicar a descansar el domingo con más tranquilidad de conciencia, incluso.

 

 

Más liado que leído.

En esta entrada contaba que visité en sueños a Alonso Pinto, nada menos. Lo gracioso del caso es que Alonso no me contó que su sueño degeneró en pesadilla. Sólo confesó después de mi entrada. Por lo visto, sí que llegó a ensañarme su preciada obra completa de Massillon, obispo de Clermont. Sólo que yo, con las prisas, pasaba las hojas con tanto nervio que se deshacían en mis manos. Quizá como amena descripción de un sueño amistoso, haya perdido un poco; pero mucho menos de lo que ha ganado como iluminación freudiana, aunque en subconsciente superpuesto.

 

No se automedique sin consultar al especialista.

Por último, me llegó de Ultramar el comentario a mi comentario a las pastillas Penguin. Es de mi viejo amigo Juan Ignacio Ortiz Greco y, fiel a mi propósito de ganarme el pan con el sudor del de enfrente, corto y pego:

 

Estimado Enrique,
Me ha gustado el análisis de las pastillas de Penguin y te mando mis elecciones.
Cariños,
1- Sería lindo revivir esa sorpresa que hay cuando uno descubre un libro que luego se transforma en un favorito. Pero va a haber muchos libros favoritos más, ¿para qué quiero olvidarme los que ya leí? Estos están para las relecturas, que es otra felicidad distinta.
2- No me atrae. No me cuesta conseguir nuevos libros.
3- ¿Para que me dé claves del libro? ¿Qué grado de intimidad habrá en esa cena? Quizás deba admirarlo mucho para querer cenar con él y la verdad es que no hay muchos autores a los que admire como personas. De todos modos, a esos pocos prefiero tenerlos así en el pedestal en que están.
4- No, ¿para qué?
5- No, ¿para qué? El tiempo se va a pasar de todos modos en algún momento, y es preferible que se pase en algo que nos guste.
6- «Na». No me atrae. Como decía Síndrome (el malo de Los Increíbles), que les iba a dar superpoderes a todas las personas: «y cuando todos sean súper, nadie lo será».
7- Me alcanza con la que tengo y su ritmo de crecimiento.
8- Esta es mi pastilla. Pero no la quiero con un fin práctico, como quien leyera libros de ciencia que no tienen traducción en su idioma. Es porque me encantaría entender como un nativo esas cosas que no tienen traducción exacta.
9- Podría llegar a gustarme vivir en algún mundo de los de mis libros favoritos. Pero si es solo soñarlos… Se han quedado cortos con la potencia de esta pastilla.
Al final elegí solo la 8. No me costó demasiado. Si fuera obligatorio elegir otra le sumaría la 7, mientras que la casa en cuestión sea la mía.

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