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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Procesión del Carmen

Sobre la mar que da su brazo al río de mi país, salimos anoche a visitar a la Virgen del Carmen de la escollera con Jaume Vives y su mujer. Nuestra amistad ha sido puesta para siempre a los pies de la Señora. Era un día melancólico, entre otras cosas, ay, el sunt lacrimae rerum, porque las medidas Covid habían vuelto a dejarnos sin la procesión de la Virgen por el río, con su juego de luces, banderas y sirenas. Al aire libre, con la brisa salada, parece que anular la procesión es una medida de seguridad exagerada, que ya —por decirlo rápido— mosquea. Lo hablábamos en la barra del Real Club Náutico con Joselo Ballesteros, al que siempre me alegra tantísimo ver, aunque sea para quejarnos.

 

Nosotros al menos nos acercamos con nuestras familias en barco a visitar a la Virgen en la punta del espigón y rezamos allí nuestra salve. Ésa era nuestra misión; y no la cena, regada con diversos vinos de la tierra, que se nos dio por añadidura, como tantas cosas.

 

 

Justo cuando estábamos explicando que casi nadie acudía a rezar a esa Virgen, que estaba tan alejada de tierra, vimos a una familia andando por el espigón con un gran ramo de flores. Cuando llegaron al pie de la Virgen, rezaron. Todo muy plácido a la luz del crepúsculo. Entonces, cuando menos lo esperábamos, la señora gordita lanzó con enorme fuerza el ramo de flores al mar, que hizo una parábola perfecta. Como el espigón estaba alto, el ramo era inmenso, la tarde silenciosa y, además, no le había quitado —siento decirlo— el celofán, dio contra el agua lo que Antonio Machado habría calificado de «un golpe perfectamente serio» y ruidoso. Dimos un respingo. Quizá si hubiese sido una corona, nos lo habríamos esperado, pero el ramo nos cogió desprevenidos.

 

Le conté a Jaume que es un recuerdo por los marineros ahogados, lo que nos puso todavía más crepusculares, como es lógico. No sé cómo no caí en rezar por ellos los tres sonetos a la Virgen del Carmen de Rafael Alberti, de Marinero en Tierra, que, como se sabe, tienen el maravilloso privilegio de conceder muchos días de indulgencia. Los recito ahora, que nunca es tarde.

 

Luego, como tomar fino en el mar con pescaíto frito es un maridaje indisoluble conseguimos restaurar nosotros solos el espíritu festivo del día. Por nosotros, no quedó.

 

 

 

 

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