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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Poesía mortal

 

Esto es un diario y no una sección de reseñas, así que debo andarme con cuidado para que no me arrastre la afición. Esta vez me ayuda José Luis García Martín, que ya ha escrito su reseña del libro Todos los besos son de despedida (Renacimiento, 2021), de Javier Almuzara. Y no es el único que me ayuda, porque el propio Almuzara se hace la reseña en la parte final del libro, recogiendo una espléndida serie de aforismos metapoéticos, que los poemas previos han puesto en práctica. Inciden en su afán de claridad, que constató en el título transparente que puso a su antología:

 

 

Así que yo tranquilamente puedo dedicarme a lo que me inquieta. Leer a Almuzara, además de un placer y una lección, es una llamada al combate contra la muerte. En sus otros libros ya me había convocado a su mesnada. «Todo lo que no sea ganar la eternidad, es perder el tiempo» se lo he copiado para motto del escudo, para lema de la casa. Y aunque un arma es la belleza y otra la intensidad, la mejor es la felicidad. Con la que Almuzara no engaña, pues también había advertido ya en Constantes vitales: «La alegría se aprende, no es un don / sino una disciplina». Yo estos días estoy disciplinándome, pero no os preocupéis, que lo estoy haciendo con éxito.

 

Este  libro, por tanto, me ha llegado como agua de mayo. Dice que todos los besos son de despedida, pero yo le doy la bienvenida. Para empezar, me clava: «Por no morir del todo me desvivo». Y, a partir de ahí, me lanza al ataque: «Aunque yo nunca he sido nada fuerte, / siempre quise vengarme de la muerte». Sin bajar jamás el arma de la alegría: «fortifícame contra/ la voluptuosidad/ de la melancolía». No se admiten excusas: «Siempre es más fácil/ que merecer la gloria/ hacerse el mártir».

 

Yo creo en la inmortalidad del alma y en la resurrección del cuerpo, pero, como Jorge Manrique, sin hacer ascos a las otras dos supervivencias: la de la fama y la de los hijos. En estas dos, Almuzara es mi capitán, oh, mi capitán, porque lo teológico no quita lo valiente. Ése es el sentido beligerante de las nanas que incluye en su libro. Aquí, por ejemplo, se pone a hablar con Borges de lo otro:

 

ASCENDIENTES

 

Moriré como hubieron de morir

las rosas, Aristóteles y Borges,

pero aspiro el aroma que dejaron.

 

Dice Almuzara que «la poesía es mortal», pero mortal para la muerte, remata. Y como obras son amores, de leer a Almuzara se sale más vivo, más beligerante, más alegre.

 

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