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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Poción mágica

Hay un día terrible cada tres o cuatro meses para todo lector desiderativo. Vas amontonando libros y libros pendientes de leer. Por todos los rincones. Hasta que un día te lo reconoces: «No puedes seguir así». Y los llevas muy melancólicamente a las estanterías, reconociendo tu derrota, recordando la ilusión con la que los compraste o, aún peor, imaginando la esperanza con la que alguien te envió su ejemplar. Sientes una ternura muy honda por quien dejó de contestar a un envío tuyo, como si aquello te redimiese de tu impertinencia de ahora.

 

Para hacer esto se necesita un empujón muy fuerte, que sea un suplemento de alegría de la que ir tirando. Que sea también una enseñanza de que no todo es leer. Todo eso me lo proveyó ayer viña Santa Petronila. La tertulia con los amigos y tanto fino, tanto blanco, tanto moscatel, las estrellas apuntando en el cielo poco a poco, era una poción mágica para la tarea hercúlea de poner mis libros (telar de Penélope también) en las estanterías. Algunos no tuve fuerza suficiente. ¿Se me acabaron los efectos de la poción mágica? No, porque estuve hasta tarde. A los más les decía bajito: «Antes o después, la marea os devolverá a la orilla de mis horillas, y sacaré tiempo para leeros; y os consolará mi desconsuelo cuando me dé cuenta de la falta que me habría hecho leeros mucho antes…». ¡Adiós, gracias, adiós, donaires, adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!

 

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