X
LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Pemán nos guiña

 

Más que con artículos, José María Pemán se estrenó en las páginas de El Debate  escribiendo pequeños relatos que tenían una relación al sesgo (o no) con la actualidad. Me parece una pérdida de la prensa actual, tan centrada en la política, que no deje una esquinita para la narrativa costumbrista. Los textos de Pemán dieron lugar al primer libro suyo de prosa, titulado Volaterías (Gráfica Universal, S. L, Madrid, 1932). Mi tío abuelo político lo compró enseguida:

 

 

y en ese volumen lo leo.

 

Hay cuentos más logrados que otros, como es lógico por su estreno en el género y también por el difícil equilibrio de la prensa diaria y la narrativa. Pero todos son una delicia. Se ve que Pemán disfruta como un enano escribiéndolos. E incluso se permite alguna broma privada.

 

En el cuento «Por su abuela gitana» nos ofrece la historia de los linajudos Jiménez de Heredia, tío y sobrino. El tutor duda si casar al joven con su prima lejana y desconocida Rosarito Cantares, que vive en un pueblo y tiene posibles (de los que ellos empiezan a carecer). El problema es que, investigando, descubren que en su árbol genealógico hay —como se rumoreaba— una abuela gitana. Y eso les echa para atrás. Hasta que conocen a la deliciosa jovencita y les encandila (y nos encandila a los lectores también) por la gracia que tiene, y lo primorosa que es, y cómo canta. ¿Les encandila lo suficiente? El momento álgido es cuando, la noche previa a su partida, en la pensión del pueblo, el sobrino exclama:

 

—Tío, que yo mañana no me vuelvo a Madrid. ¡Que yo me quedo aquí! ¡¡Que yo me caso con la prima!!»

Don Lope se levantó de un salto.

—¿A pesar de su abuela gitana?

—No tío; a pesar, no… ¡¡por su abuela la gitana!!

 

La guasa de Pemán no acaba ahí ni mucho menos. El apellido de los linajudos, ojo, es Heredia, nada menos, con lo que resuena eso. Y más aún entonces. Recuérdese que en 1928 Federico García Lorca había publicado su Romancero gitano, donde campaban estos versos tan famosos:

 

Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos.

[…]

A ningún oído culto español contemporáneo se le podía escapar el eco. De hecho, en la biblioteca de mi tío político Agustín también estaba la primera edición del Romancero gitano, como es lógico. Pemán, por tanto, no sólo guiñaba con un ojo a García Lorca, con el que estaba en los mejores términos, sino también al lector. Como diciéndole, dejémonos de linajes que, al final, todos somos primos de todos, y vámonos que nos vamos. Si el final es feliz («Vivían felices en un caserón lleno de pájaros, de flores y de risas. Tenían diez hijos. Don Lope, el tutor, vivía con ellos. Era ya muy viejecito y chocheaba»], la historia tiene escondida aún más intención de la que parece.

También te puede interesar