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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Parques y jardines (y playa)

 

He bajado a la playa con una bolsa con cuatro libros, pero no he salido del primer poemario de Carmen Aranguren, Parques y jardines. Qué sorpresa cuando alguien que conoces y no te esperas aparece de golpe como poeta de verdad. El libro es un ejercicio de elegía luminosa que alegra el alma. Cuántas memorias de la casa grande de la infancia con los primos desmemoriados que se columpian a la perfección (pasado-presente-pasado-presente) con las ilusiones de las hijas de ahora («Nacieron/ y con ellas/ los versos,/ las canciones/ infantiles»]. El libro tiene también el trabajo de orden y estructura de un jardín o un parque; y sus claros de luz alternan con sombras, que se agradecen, y claroscuros muy bien puestos.

 

Carmen Aranguren no sólo pasa la prueba de la lluvia en la práctica: «y llueve a mares y a cántaros y a borbotones/ y solo tengo palabras ya manidas/ para contar lo feliz que me siento»], sino también en la teoría: «Nostalgia del agua,/ demasiadas sequías»].

 

Son varios los poemas que me han puesto la carne de gallina debajo de mi sombrilla [esa oración que es «Huérfana», «Lo que no sé nombrar», el poema de amor conyugal «Abruzos»], y me he quitado el sombrero con el final, donde dice que ya apenas se espera de la vida «algún renuncio que ganarle al destino», pero qué ganancia el renuncio. Hay un poema, sobre todo, que os parecerá muy sencillito, y no. Y que os parecerá muy irónico, y ni de broma. Es un canto de hierro a la libertad más poderosa, que es la de comprometerse, la de atarse, la de entregarse minuto a minuto. Véanlo:

 

 

No me extraña que nos cuente que ha guardado sus poemas (por eso yo no sabía nada) «como el avaro sus millones». Confiesa que son «su tesorillo», con un diminutivo que se nos esponja en el alma.

 

 

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