«La poesía buena es escasísima», repetía Josep Pla, en una frase paradójica, porque demuestra, refunfuñando, cuánto le gustaba la verdadera. Como aquí nos pasa —para lo bueno y lo malo— lo  mismo, no podemos no precipitarnos a señalarla en cuanto aparece, no se nos vaya a desvanecer. Es el caso del libro Cuerpo humano (Renacimiento, 2024) de Carlos Javier Morales (Santa Cruz de Tenerife, 1967). El barbero lo hace con cierto temor de reincidir, pues ha hablado hace dos semanas del último poemario de Francisco Bejarano y hace una semana escribí de la poesía de Estefanía González, aunque a pachas de sus aforismos. No me ha ido quedado más remedio. Me comprometo —como penitencia— a barberizar una novela en la próxima entrega.

Pero no crean que todo es dejarme llevar por el entusiasmo. Destacando este libro voy contra un prejuicio muy afianzado en mí. Mi zona de confort es conocer la intrahistoria de los poemas que leo. En cambio, no termino de delimitar bien la historia o las historias que Cuerpo humano nos está contando. Claramente es un libro de amor, pero cuando habla del «cuerpo» o de los «cuerpos», ¿lo hace al modo de Cernuda y Brines, para no contarnos el género de la persona amada? Que lo hace para resaltar su fisicidad, está claro, por supuesto. ¿O es una historia de amor divino cantada a la humano, como el Cantar de los cantares? Pues bien, aunque prefiero la poesía luminosa (en palabras de Estefanía González: «Y para celebrar el sol haré un poema que se entienda»), me he dejado llevar por estos poemas brumosos, conseguidos y estremecedores, verdaderos, sin preguntarme más de lo que el poeta, señor de lo suyo, quiere revelarnos.

Cuerpo humano consigue algo todavía más difícil que desmontarme un prejuicio. Siendo un libro muy centrado en lo suyo: la naturaleza, la isla, la playa de su infancia y adolescencia, de su vida, el amor, los cuerpos… no resulta monótono. Muchas veces se dice que, más que repetirse, el poeta ahonda, pero pocas veces se ve en la realidad. Como diría Pla, es extrañísimo. Morales lo consigue. El libro, con una melodía y un tema, logra una novedad misteriosa de poema a poema, cada vez más profunda.

Aquí recogemos algunos de sus versos, como olas.