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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

No me extraña

 

En mi artículo de hoy explico lo que es no hacer o hacer un leproso, con una nueva empatía por los tipos esos a los que el Señor les decía, después de curarles, que no dijeran nada y a la vuelta de la esquina empezaban a vocear el milagro.

 

Y ya en harina, me he acordado de un leproso que no hice hace varios años y que ahora voy a hacer porque la historia es graciosa y emocionante. Se murió el padre de unos amigos y me contaron que habían decidido enterrarlo con la «camisa no me extraña». Me extrañó.

 

Me contaron la historia. Mis amigos son el ciento y la madre (no digo números para guardar el anonimato). Pero una cosa que raya el franquismo, vaya. Y en una ocasión una señora preguntó a la madre que cómo era eso, que si todos eran suyos, que si era posible, etc. La madre le sonreía. Y entonces le dijo: «Mire, ahí viene el padre». El padre era un señor muy guapo. También la madre, pero quizá la señora —distraída con la multitud— no se había fijado. En el padre, sí se fijó. Cuando lo vio venir, suspiró: «¡Ah, no me extraña, no me extraña, no me extraña!». Llevaba una camisa nueva, que le había regalado la madre y a la que ésta traspasó todo el mérito. La rebautizaron como la Camisa del No Me Extraña.

 

Todo es precioso. Los hijos, la belleza, la broma de la camisa, haberla guardado tantos años y acordarse de algo tan sensual para el entierro. Me encantó. Pero me prohibieron que lo contara. Ahora ha pasado el tiempo, ya nadie identificará a los protagonistas, y yo me he venido arriba con el ejemplo de la desobediencia leprosa. Así que aquí está.

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