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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Mon semblable, mon frère

 

Los lunes, como salgo en el barbero, para no resultar cansino, me perdono la entrada en este blog de Lo leído y lo liado. Sin embargo, a raíz de mi comentario a los aforismos de Jesús Cotta, un atento seguidor, llamado Porfirio en Twitter, se ha quejado: «Tengo como 40 libros por leer. Os odio ;-))». Y ahora yo necesito  excusarme y solidarizarme con urgencia. Jamás ninguna entrada seguirá más al pie de la letra el título del blog.

 

La excusa: el barbero no viene para agobiaros con más lecturas, sino para aliviaros. En su exposición de motivos reza: «No sé qué rey sueco, algún Gustavo, agobiado como todos, aristócratas y plebeyos, porque el arte es largo y la vida un soplo, encontró un remedio a sus ansias insaciables de lectura. Su barbero tenía la obligación de ir —mientras rasuraba la real mejilla— resumiéndole algún libro de interés. El rey se decía que, de la mayoría de los títulos que había leído en su vida, no recordaba casi nada y nunca tanto como las pocas citas que le recortaba su sirviente». Por supuesto, en Leer por leer apuestan contra mi intención. O sea, yo escribo para que no necesitéis comprar el libro, pero esta revista-literaria espera que fracase estrepitosamente, como suelo. También lo esperan los editores y los autores, que normalmente se alegran de que los barberice ignorando mis bárbaras intenciones. Pero conste, al menos al amigo Porfirio, que mi propósito es otro.

 

La solidaridad. Porque yo estoy igual de agobiado que mi amigo. Felizmente agobiado, algunas veces, sí; pero otras, agobiado a secas, muy agobiado, agobiadísimo. Pienso en la muerte, incluso. Porque sospecho que, si no me comprase ni un solo libro más en lo que me queda de vida ni me lo enviasen, y me concentrase en los que tengo pendientes en casa, ya tenía yo de sobra. (Y denle al «de sobra» los tonos tétricos que la ocasión merece.)

 

Véanse mis libros pendientes o pendiendo. En mi mesilla de noche:

 

 

En el revolving de al lado de mi mesa de despacho:

 

 

En la escalerita de la biblioteca, queriendo subir, pero sin subir ni bajar:

 

 

En la esquinera de la escalera:

 

 

En la mesa del cuarto de estar:

 

En el escondite de mis imprescindibles. Los que debo consultar todos los días, mi fondo de armario:

 

 

Y en la mesilla de los niños, para leerles por las noches:

 

 

 

Algunos, además, los tengo que tener perdidos porque recuerdo vagamente que estoy leyendo ahora libros que no aparecen en las fotos por ningún lado. ¿Dónde estarán?

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