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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Marinero en feria

Ni siquiera yo, con tan mala memoria, podría no haberlo recordado. Estaba en la feria con los amigos de siempre y, por tanto, con Marina Osborne, y pedimos, naturalmente, fino Quinta. Cuando llegaron las medias botellas, habían hecho una edición especial para la feria con retratos de portuenses célebres. Y allí estaba el mismísimo Alberti. Me acordé inmediatamente de Gabriel, el querido y añorado padre de Marina. Cuando yo, en la lejana adolescencia, aparecía por casa de mi amiga para recogerla o para jugar una partidita de King, a menudo me echaba una bronca porque Marina había llegado muy tarde la noche pasada. «A partir de las dos en la calle no hay más que fulanas y borrachos. Es una lástima que tú permitas que tu amiga esté a esas horas por ahí». Yo me reía sin más, porque probablemente me había ido a mi casa bastante antes que Marina. Siempre fui un soso y ella, como su nombre indica, saladísima. Eso sí, de toda garantía. Pero había otra cosa que me decía Gabriel, también muy ofuscado: «Qué vergüenza que tu padre se haya hecho amiguito de Alberti, ¡de Alberti!, qué cosas, vivir para ver!». Todo aquello lo decía (gritaba) con un guiño implícito, enfadadísimo de broma. Pero me hubiese encantado comentar con él (ji, ji) la botella conmemorativa de Osborne para la feria del Puerto. Aunque teniendo en cuenta qué cara, qué gesto le han plantado a Alberti, lo más probable es que el que se riese fuera él. Habría que pedir sucesivas medias botellas para analizar bien el dibujo, eso sin duda.

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