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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Luz, más luz

En parte, por la vista cansada; en parte, por la vida matrimonial, me compré una luz de minero o de excursionista (yo prefiero pensar que de minero, mi mujer, de excursionista) para leer mejor por las noches y sin tener que encender la de la mesilla. Pero es tan cómoda que ya la uso para leer en el jardín o en el salón en penumbra. Con frecuencia, lo que nació como remedio, crece como solución y se transfigura en maravilla.

 

Con todo, lo mejor no lo he dicho aún. No es la lectura con luz perfecta. Lo mejor es cuando me levanto a oscuras con sólo esa luz intensa entre los ojos, sobre la mente. Le da un brillo mágico a todo lo que hago. Me bebo un vaso de agua y estoy tomando una plata líquida y fría, resplandeciente. Parece que la luz me entra por la garganta. Voy a hacer pipí (con perdón doble, por la acción y por la cursilería) y sale otra luz, la orina reluce amarilla como un oro, dicho sea, de nuevo, con perdón. Cierro la puerta de la casa con llave y el llavero devuelve reflejos de cuento de hadas. Acuesto a la perra y el lubricán de las luces y sombras parece un animal salvaje y obediente que se dirige a su cesta con pasos de felino y el oro de los tigres de regalo.

 

Es muy físico, por supuesto, pero no me reprimo de sacar una lección moral. Ojalá tener siempre esa mirada tan encendida capaz de sacar brillos de lo más literalmente ordinario.

 

 

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