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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Lunga promessa con l’attender corto

 

 

El Infierno es una fiesta (el de Dante). Qué ganas de pararme cada dos por tres tercetos para comentarlos con alguien, pero leo solo.

 

El canto 27 es un disparador de comentarios al aire. Ahí van.

 

El pobre Guido de Montefeltro cuenta su historia porque se cree que no llegará jamás al mundo:

 

Si creyese que escucha mi respuesta

alguien que puede regresar al mundo

mi llama dejaría de agitarse;

 

pero como del fondo del abismo

nadie, según he oído, salió vivo,

sin temor a la infamia te respondo.

 

¿No es un poco innoble por parte de Dante no avisar de que él no sólo va a volver al mundo sino que va a volcar el discurso de Guido en unos endecasílabos inolvidables y celebérrimos? Se ve claro que Dante supedita casi todo, su propia caballerosidad desde luego, a la eficacia literaria de su obra. Porque ese engaño en el que cae el celebrado estratega Guido de Montefeltro es un paralelo poético perfecto del engaño en que cayó cuando Bonifacio VIII le prometió el perdón prospectivo por el pecado de darle un consejo político maquiavélico.

 

Tal desastre por duplicado ¿no será un aviso de Dante para los ivanesredondos del marketing político?. De hecho, Guido propone el ABC de la fontanería política de todos los tiempos: «prometer mucho y mantener muy poco» [lunga promessa con l’attender corto]. ¿Para eso lo tuvo que fichar como asesor Bonifacio VIII?

 

El canto, como de paso, tiene además una lectura teológica, que también es doble. Bonifacio VIII presume del poder que le ha sido otorgado de atar y desatar, con el que perdonará a Guido del pecado que le ordena hacer:

 

Él añadió: «No temas por tu alma;

tendrás mi absolución si hallas el modo

de arrasar Palestrina. Como sabes,

 

yo puedo abrir y cerrar puedo el cielo

a voluntad, porque son dos las llaves

que mi predecesor cuidar no supo»

 

Ese predecesor, por cierto, es Celestino V, que hizo il gran rifiuto, ay, la renuncia que Dante no perdonó jamás. Pero no nos despistemos de la historia de Guido y de ese perdón prometido por el Papa que no le vale para nada. Esto es importantísimo porque Dante nos subraya que 1) el poder del Papa no se impone al poder del principio no contradicción y 2)que, si es buena la Teología, hasta un demonio de quinta división (ay, esa fe fina que se gastan los demonios, como supo Hadjadj) le puede al mismísimo Francisco [de Asís] que acude a intentar rescatar a Guido, sin éxito. Las lecciones dantescas están tan claras que no hace falta más glosa, aunque a nosotros la pena por Guido no hay quien nos la quite. El cardenal Newman podía estar pensando en él cuando hizo este famosísimo brindis hipotético: «Ciertamente si me veo obligado a implicar a la religión en un brindis al final de una comida —cosa que no es en absoluto oportuna— brindaré por el Papa, si os complace, pero antes por la conciencia y después por el Papa».

 

Sí es muy apasionante apostillar que Dante, el poeta católico más crítico que ha habido contra los Papas indignos, ha sido, sin lugar a dudas, el más celebrado por los Pontífices, el más citado, y el único que goza de una encíclica en exclusiva, con un título, además, extraordinario: In praeclara summorum. De capacidad de autocrítica, la Iglesia, gracias a Dios, ha estado siempre bien.

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