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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Lo fugitivo permanece y dura

Un cuaderno de muy humilde encuadernación y pocas páginas ha estremecido mi mañana de lectura. Se titula Más allá del principio. Para los cazadores de recompensas que se atrevan a buscarlo por esos montes y riberas es el  Cuaderno «Heracles y nosotros», nº 33 (Gijón, 2020) Su autor: Andrés María García Cuevas (Murcia, 1999).

 

La parte final está dedicada a la muerte del padre; y a poemas relacionados con ella con gran delicadeza. Por ejemplo, lamenta el olvido en el que caen las cosas de la abuela, y uno siente, entrelíneas, que si no hubiese muerto el padre, habría pervivido la memoria de la abuela. De ese modo, es una elegía doble que te aprieta más el corazón. Rápidamente he apuntado un poema en el índice futuro de una soñada reedición de mi antología de poemas al padre: Tu sangre en mis venas.

 

La ausencia unifica todo el cuaderno. También la del amor. Y tiene estos dos versos que recuerdan el magistral de Leopoldo Panero: «Juntos los dos en mi memoria sola», poniéndose a su altura:

 

Cuando nos miro en el espejo sólo

me puedo ver a mí abrazando a nadie.

 

Pero no he venido aquí a escribir una reseña, sino a compartir mi asombro. Véase el uso magistral que hace el joven poeta del encabalgamiento poético en el poema «Lo fugaz».  Transmite esa sensación de caída incluso profética. Es un poema en el que se percibe el meticuloso cuidado del ritmo, de los signos de puntuación, de la sintaxis. No se cansa uno de caer en él:

 

DE LO FUGAZ

 

Aquí nos conocimos —lo recuerdo—,

un año atrás, la noche de las perseidas.

Lejos de la ciudad, exactamente

aquí, la misma noche, en este mismo

lugar, un año atrás, nos conocimos.

Caían las estrellas y nosotros

estuvimos hablando de nosotros,

nos mirábamos mientras los demás

miraban las estrellas, que caían.

Pero después de un año, aproximada-

mente un año después de conocernos,

donde nos conocimos, donde ahora

son menos fugaces las estrellas,

nosotros ya no hablamos de nosotros

ni nos miramos como nos mirábamos

ni estamos donde estábamos entonces

—¿estuvimos?—, quién sabe

si un año atrás, si aquí, si aquella noche.

 

PS.- Me escribe un amigo para hacerme ver que «un año atrás, la noche de las perseidas» no es un endecasílabo. Ya lo oí y, sin embargo, diría que es un acierto voluntario o involuntario del poema, porque demuestra con hechos («obras son amores») lo poquísimo atento que el poeta estaba esa noche a las perseidas.

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