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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Limonada a la tormenta. Receta.

Se recoge, calándose hasta los cuernos (según la poética y ajustada expresión de Jaime Gil de Biedma), dos limones maduros que guardaban los últimos soles dorados del otoño. Es ideal que te acompañe al jardín, chapoteando los pies en el suelo, un hijo varón. Tu cónyuge puede opinar que es un disparate y que una tontería así sólo se te puede ocurrir a ti. La verdadera delicatessen es una hija que en silencio sonría detrás de una ventana. Luego, tras dejar un sendero sonoroso como un río por el suelo, hay que exprimir los limones y verter el líquido en una jarra.  Ese zumo se coloca después a la intemperie, para que 1) coja bien el frío delicioso de la noche y 2) recoja, como un aljibe de oro, el agua de la lluvia. A este ritmo de lluvia, en una o dos horas estará al punto. La tomaremos junto al fuego, secándonos de la esmerada elaboración.

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