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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

La mujer de Job y dos notas más

Hacía tiempo que no leía el libro de Job, con la querencia de repasarlo en Girard y su esclarecedora La ruta antigua de los hombres perversos. Nada más empezar me ha chocado muchísimo una cuestión en apariencia mejor. Como la historia es conocida, iré al grano. Dios da permiso a Satán para que le arrebate a Job todos sus bienes. Lo hace, sin piedad, incluyendo siete hijos varones y hijas tres señoritas, todos los que tenía. Pero ni roza a su mujer, que ahí sigue, en plena forma. Como Job es un santo varón, Satán insiste, y Dios, seguro, da su permiso para que estreche el círculo y le apriete aún más. Puede atacar a Job, salvo en su vida. Lo hace, incluyendo pústulas y otras enfermedades. Pero ni roza a su mujer, que ahí sigue, impertérrita, molesta con el marido, porque algo habrá hecho. Yo saco una conclusión sencilla: la esposa es, como salta a la vista, parte de la intocable vida del marido a mucha distancia de sus bienes, de sus ganados, de sus hijos y, por supuesto, de su salud.

 

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Quizá desconcierte a algunos muy literales, pero casi cualquier puede distinguir un insulto para insultar de otro para alabar, del tipo de llamar «¡cabrón!» al amigo que ha conseguido un hoyo en uno, por poner un ejemplo. Más finura de oído hace falta para lo que he oído esta tarde. Usar un piropo absolutamente exagerado como muestra de ternura. Iba una señora muy marginal, probablemente drogadicta, muy decrépita, despeinada y desaliñada, y un vecino desde una ventana le ha gritado: «Adiós, Teruca, guapísima». Ella ha sonreído y yo también, porque ha sido precioso, el piropo y la sonrisa.

 

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Me fastidia especialmente, ahora que estoy a régimen, ver lo qué afino en mi examen de conciencia dietético. Comí esto, bebí aquello, piqué eso, etc. Ojalá gastase esa finura con mi vida de piedad.

 

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