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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

La muerte es carca

Maquiavelo escribió La mandrágora (1518) para ilustrar lo satisfactoriamente que los medios se justifican por un fin logrado. De paso, nos dio una lección política a contrario sensu de la máxima actualidad.

 

Sin embargo, por pura honestidad intelectual o por presión insoportable del subconsciente, Maquiavelo no deja de ser honesto y reconocer que la muerte se cierne sobre su teoría y su práctica. Es asombrosa la obsesión que tiene el seductor Callimaco, personaje principal de la obra, con la posibilidad de su muerte. La cita constantemente, la tiene presente, le amarga sus mejores expectativas, le pone a pensar en el más allá (que no se promete muy feliz): «Por otra parte, lo peor que puede sucederte es morir e ir al infierno. ¡Tantos otros han muerto! Y ¡hay en infierno tantos hombres de bien! ¿Vas a avergonzarte de ir tú también?». La cosa es tan evidente y Maquiavelo tiene tal interés en que la veamos que la subraya con boli rojo, digamos. Dice Callimaco, otra vez vuelve la burra al trigo: «Voy a morir de alegría». Y subraya Ligurio: «¡Qué tipo tan extraño! Está empeñado en morir, ya sea de alegría o de dolor!». Y sigue, y sigue…

 

Mucha política de Maquiavelo, pero reinan el Eros y el Thanatos. Incluso sobre el final de la obra, aparentemente tan feliz para Callimaco-Maquiavelo, se proyecta de una forma inolvidable la sombra de la muerte. Estaba preavisada en las primeras cinco palabras de La Mandrágora: «Porque la vida es breve…» Pobre Maquiavelo, ¡tantos medios para un fin tan inminente y absoluto!

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