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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

La feria o la vida

Lo esencial de la esencia de la feria ya lo he contado aquí.

Pero pasaron más cosas: más feria y, por tanto, más vida. Había charlado en los días previos con jóvenes muy pesimistas con su presente y con su futuro. En la caseta donde cenábamos estábamos rodeados de jóvenes radiantes hasta la hierofanía (que diría el marqués de Tamarón, Elenas Cienfuegos y Migueles Fonsecas de manual). Y me alivió el alma.

Hay algo eterno en la juventud, porque aunque nosotros hayamos dejado de serlo a la velocidad del rayo, ellos siguen. Y en mitad de esas reflexiones, sonó una sevillana que había sonado mucho en nuestros tiempos. Óiganla. Fue un momento de satori intensísimo. Indescriptible, pero imaginable por los lectores inteligentes y sensibles, que son los únicos que tengo. Pasa la vida.

Una imagen política. Los porteros de la caseta estaban desbordados con los asaltos a las vallas de sus orillas. Y lo peor es que los socios (yo era un invitado) hacían lo posible para boicotear el trabajo de los vigilantes que ellos mismos habían puesto para meter a algunas sobrinas hermosísimas o a los hijos de los amigos o a algún conocido despistado. Yo estaba con las sobrinas, claro está, hasta que me asaltó la analogía con nuestros policías en Ceuta y Melilla y me entró cierta compunción.

Pero sigamos con las sobrinas. Comentábamos los señores qué guapas son y qué que bien la juventud. Y que quién la pillara de nuevo. Ahí dejé de asentir. Yo me recuerdo en esos años relativamente bien, pero con angustias varias; ahora estoy mejor, y miraba a Leonor charlando con nuestras amigas, riéndose. No puedo pedir más.

Aprovechando que con la música a tope no se oía nada, propuse un brindis: «Esto perpetua!», y todos brindaron sin preguntarme por qué era. Confiados.

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