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un blog de enrique garcía-maiquez

Inteligencia emocional

En busca de la inteligencia emocional perdida

Vamos a desayunar a una churrería. Somos tantos que nos falta una silla. Alguien se me adelanta a buscar una, y se equivoca. Tenía dos posibilidades principales: una señora de mediana edad que tomaba chocolate sola enfrente de una silla vacía y una pareja de enamorados con más azúcar aún que el desayuno hipercalórico que se metían entre pecho y espalda. Más a mano cogía la silla de la señora, así que, con las prisas, fue la que cogió mi amigo. Pude atisbar el gesto de amargura herida de la señora. En determinadas situaciones, una silla vacía te hace compañía. Como el recuerdo de quien estuvo sentado contigo; como la esperanza de que alguien se siente. Dejarla sin silla era abandonarla a su soledad.

 

En cambio, una tercera silla aneja a una pareja de enamorados les molesta, rompe la armonía, es una amenaza latente. Metáforas aparte, siempre puede ser una invitación para que se siente un importuno. El mundo hubiese estado mejor hecho si se hubiese quitado esa silla de sobra de esa escena de película.

 

Ignoro (y seguiré ignorando) si la Inteligencia artificial de Daniel Goleman aplica a estos supuestos prácticos. Pero la mejor narrativa, sí. Como nos afinan la mirada esas novelas que parece que nos hacen perder el tiempo. En busca del tiempo perdido, sin ir más lejos, es una gran maestra. No en vano dijo Proust que «Únicamente la lectura y la sabiduría proporcionan los buenos modales de la inteligencia».

 

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