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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Ilusión y esperanza

 

De la última visita que hicimos a Aquilino Duque nos impresionó que dijese que la vida  le había parecido (a él, que le había vapuleado un tanto y le había negado tantos reconocimientos) maravillosa. Tanto que, si la vida eterna (en la que creía firmemente) era igual que ésta, él ya se daba por extremadamente satisfecho.

 

Para más impresión, así me había dedicado su Fuegos y juegos:

 

 

 

Qué maravillosa casi redundancia, pero no, con la alegría volcada en el futuro por lo civil y por lo religioso, ambas, sin renunciar a ninguna. Del mismo modo, esa visión del Cielo nos pareció una prueba de su amor purísimo por la tierra y la vida.

 

Y, por supuesto, que así es; pero después de haber leído el estupendo Conservadorismo de Joâo Pereira Coutinho, he comprendido que era algo más.

 

 

La visión celestial de Aquilino era una prueba de su carácter profundamente conservador (aunque Aquilino —siempre presumido— prefería la etiqueta «reaccionario»). Explica Coutinho que lo propio del conservador es atenerse a lo que hay y desconfiar profundamente de lo utópico y lo ideal. Aquilino Duque lo clavaba: amaba el día a día, los amigos, la naturaleza, todo; y con eso le bastaba a él hasta de Paraíso. «Utopías, ni místicas», nos advertía entre líneas.

 

Y he recordado entonces el brindis gozoso que rezaban en latín los socios del club de Samuel Johnson: «Esto perpetua!», o sea: «¡Así, para siempre!». Como para siempre sigue dándonos lecciones —tan amenas, tan alegres— Aquilino Duque.

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