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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Hacer un Dragó

 

Se están haciendo muchas bromas y muchos cálculos sobre la afirmación de Sánchez Dragó de que ha leído 30.000 libros. Hay quien ha sacado la calculadora y ha multiplicado los años del escritor por 365 días y le sale que ha ido a libro por día. He visto que alguno le defiende retóricamente con la figura de la hipérbole. Vale. Pero hay más aspectos a tener en cuenta.

 

Sin saberlo, sospecho que Sánchez Dragó no se ha inventado el número. Que ésa tiene que ser, aproximadamente, la cantidad de ejemplares que tiene en su biblioteca. La confusión entre los libros que se poseen y los libros que se han leído tiene una larga tradición literaria, que ya vale como una primera fermosa cobertura. Marcial escribió un epigrama en que recordaba a uno que no era exactamente así como tampoco alguien por comprar muchas cítaras hace música por eso; pero Marcial no sacó la calculadorita elemental.

 

Además y sobre todo, JRJ decía que muchos libros se leen por emanación, nada más que viéndolos. No es ninguna tontería. ¿Rubén Darío era el que decía que los olía y le bastaba? Mas prudentes, hay quienes defienden que basta leer en diagonal para coger el espíritu de un libro. A mí una vez me llamó un poeta para decirme cuánto le había gustado mi libro. Al rato de estar hablando me di cuenta de que había varios poemas del libro que el tío no se había leído. Me quedé pasmado; pero, según mi costumbre, disimulé. Era raro, porque aquel señor no tenía ninguna necesidad de telefonearme ni de hacerme la pelota ni de nada. Seguía y entendí al rato que me había leído por emanación y me pareció bien. Así leo yo sus libros desde entonces, aunque no lo llamo. Pero el método vale, como sabe cualquier letraherido; y sería posible y probable que Dragó contase como leídos los libros emanados. Con JRJ y Darío de su parte, yo no me reiría tanto.

 

Alguien contaba que en la biblioteca de un crítico célebre comprobó que libros que había reseñado estaban intonsos a partir de la página 30. Ese también decía que los había leído y por escrito y cobrándolo. Y todavía es muy probable que acertase en sus reseñas.

 

Están también los libros de consulta. Un volumen que te ofrece lo que estabas buscando y que ya no lees más, pero que te ha regalado un dato o una idea o un verso o una imagen que recordarás y citarás, ¿no está más leído que otro de cabo a rabo que has olvidado al rato de pura intrascendencia?

 

También puede sumar  bastante Dragó con la relectura. Cada vez que leemos un libro, es distinto. También, tal vez, cada vez que lo recordamos. Por mí, desde luego, que lo sume.

 

De los clásicos decía José Mateos que son los libros que no necesitamos leer, por lo que ya nos han influido y por cómo sabemos de ellos lo que hay que saber, por tradición oral o por otras citas escritas. Podemos contarlos como leídos a beneficio de inventario o a beneficio de tradición.

 

Y viceversa. Hay tantos libros malísimos que la mejor manera de leerlos es dejarlos correr, como el agua que no has de beber. Si uno tiene el instinto de evitarlos, mejor para él. Entre unas lecturas olvidables y unas lecturas no realizadas no hay demasiada diferencia, salvo el tiempo que se perdió o no.

 

Por último (en este repaso apresurado de contabilidad creativa a lo Dragó), creo que la gente, acostumbrada a los best-sellers piensa en un libro como algo muy gordo que te entretiene en la piscina casi todo el verano y a correr. Pero hay libros de poesía que se leen en media hora (y no se olvidan nunca). Y tantos libros breves de filosofía. Los clásicos tenían la buena costumbre de la concisión.

 

En resumidas cuentas, yo no le voy a aplicar un Excel a los números de Sánchez Dragó, pero en la hipérbole hay más razones de las aritméticas. Y no me cabe duda de que muchos de ustedes han hecho, como yo, más de un Dragó de vez en cuando.

 

 

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