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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Épica minúscula y nocturna

Los mosquitos han vuelto más motivados que nunca. Esta madrugada me han despertado sus dardos y zumbidos. Sigilosamente me he ido a poner repelente (como su olor). Y me he vuelto a acostar. Ahora los oía zumbando por encima del cuerpo yacente de Leonor. Tuve mi pequeña lucha interior. Dejar las cosas como estaban, o levantarme a poner la pastillita antimosquitos en el enchufe. Por supuesto, pesaba la pereza. Pero también el convencimiento de que esa operación, que implicaba abrir el cajón, confundirme de cajón, cerrarlo y abrir otro, además de rasgar el envoltorio, terminaría despertando a Leonor. ¿Qué hacer? Empezaba a desvelarme. Si yo no estuviese a salvo de las picaduras, todavía tendría un pase, porque sería un infortunio compartido. Pero estando yo a salvo no podía permitir que los mosquitos se saciaran de la sangre de mi mujer. Pensaba en sus minúsculas gotitas flotando en la oscuridad en el estómago de los insectos y me ponía malo. Me levanté. Me confundí de cajones. Rasgué el envoltorio. Desperté a Leonor. Y me afeó tamaño jaleo. Todo según lo previsto. Como dejó de haber mosquitos, Leonor tampoco veía de lo que la había librado, aunque sí que reconoció varias ronchas. No lo suficiente como para no lamentar haberse despertado a esas horas, qué espanto. A veces los héroes no llevamos capa.

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