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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

El progre inconsciente y otros apuntes

A mi hija Carmen le encanta encontrar monedas del año en que su madre y yo nos casamos. Por su antigüedad —prehistórica en lo que a ella concierne— y por el símbolo de que no han perdido ni un céntimo de su valor.

Me ha dicho: «Por mi boda, no querré un regalo muy extravagante, sino una moneda del año en que me case». Yo la he entendido.

(No es el momento de explicarle la inflación.)

*

Protesta con razón el vizconde de Chateaubriand de que «somos injustos cuando juzgamos a nuestros antepasados por las luces que no pudieron tener, y por las ideas que aún no habían nacido». Sorprendería quizá al ilustre señor que yo le hiciera notar su progresismo inconsciente —que es el peor—. ¿Por qué da por sentado que su tiempo tenía más luces y más ideas que el de sus antepasados, eh? ¿No sería también verdad que somos injustos y fatuos cuando juzgamos a nuestros antepasados desde las sombras que ahora nos cubren y sin las ideas suyas que hemos terminado perdiendo tontamente?

*

Hablando de luces e ideas perdidas, me preocupa, a la mañana siguiente de mis cenas de verano, un efecto colateral. A veces cuento historias de conocidos comunes, y todo el mundo se ríe bastante, y estoy seguro de que alguno las repetirá, y no descarto que lleguen a los protagonistas, con la firma al pie de que fui yo quien las expuso alegremente. Pero me temo (sic) que en el transcurso de la transmisión se pierda el cariño con que yo conté aquellas anécdotas y la luz benevolente que quise darles. A la luz helada del quirófano del «mira qué me han contado», no van a hacer tanta gracia.

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