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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

El gran apagón

Solo Austria, y Suiza, se ha atrevido a hacer sonar la alerta. El riesgo es pequeño -nos dicen- pero ¡quién iba a pensar, hace solo dos años, que el mundo entero encerraría en sus casas a la práctica totalidad de la población durante más de un año!

 

Un riesgo pequeño es también un riesgo, y poner en alerta a los ciudadanos, pedirles que ensayen su mejor reacción ante eventuales catástrofes puede ser una forma de minimizar el caos si éstas lleguen a producirse.

El coste, evidente, es que el intento de minimizar un improbable caos de mañana desate el pánico hoy. Por eso solo Austria se ha atrevido a pedir a su población el ensayo de la alerta máxima y que estén preparados para un evento extremadamente improbable.

Un amplio corte de suministro eléctrico, un gran apagón que afecte a grandes ciudades y se prolongue durante más de unos segundos, puede ser letal. Todo está interconectado con la electricidad, y -precisamente por eso- hay redes de seguridad que convierten semejante catástrofe en casi imposible. Casi. Y el mayor riesgo de gran apagón inesperado no recae en los problemas de suministro sino en un improbable ataque informático. Un ataque terrorista muy difícil, no imposible.

Pero hay otro gran apagón, mucho más silencioso, y ya casi inevitable para demasiada gente: el que este invierno obligará a muchas familias a cerrar la calefacción, a dejar el coche aparcado, y a pensar muy bien qué lavadoras poner ante la escalada desorbitada del precio de la energía.

Hasta ahora, la atención se ha fijado en la electricidad, pero es más grave lo que afecta al gas. El cierre de uno de los dos gasoductos que traen a España el gas desde Marruecos va a exigir comprar gas licuado de otros proveedores, a competir en la batalla mundial por buques cargados de gas, y a reacondicionar las plantas de gasificación casi olvidadas gracias a la conexión por gasoducto.

Antes incluso de que todo eso ocurra, la inflación ya se ha disparado. En octubre ha marcado un récord de 30 años, ¡nada menos!

Ya tenemos una desorbitada subida de precios, escasez de materias primas, problemas de suministro para muchas empresas, cierres temporales de alguna industria electrointensiva al no poder asumir la carestía energética, temor a que los supermercados vuelvan a afrontar los desabastecimientos de algunos productos que vimos en  las primeras semanas de la pandemia, vuelta a los ERTES para demasiados trabajadores y llegada al ERE para los más desafortunados, empresas en concurso de acreedores tras estos dos años pandémicos… y una etérea promesa de fondos europeos que no se sabe (pero se sospecha) a quiénes beneficiará.

 

¿Qué hacer? Les sugiero aprovechar las horas de luz para leer. Es barato y muy gratificante. De entrada, echen mano de todo lo que tengan en casa, de eso que compraron con todo el interés pero no tuvieron tiempo de leer. Después, aprovechen las buenas recomendaciones de Leer por Leer. O pueden enfrascarse en el tenebroso mundo de las distopías. Las más clásicas, como Un mundo feliz, de Aldoux Huxley, La peste, de Albert Camus, o La guerra de los mundos, de H. G. Wells, o el Ensayo sobre la ceguera, de J. Saramago, han demostrado que el fondo de lo que cuentan ya ha ocurrido porque la realidad siempre puede superar a la ficción.

 

 

 

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