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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

El don de la siesta

 

Mi abuelo, después de comer, aunque hubiese visitas, daba la excusa de sus deberes religiosos, que le reclamaban, y se iba a dormir la siesta. Pensábamos entonces que era una broma levemente irreverente. Ahora sé que no. Soy un firme practicante de la siesta. En principio, pensaba que por españolismo a machamartillo (¿la dormía Menéndez Pelayo?). Así que cuando me enteré que Miguel Ángel Hernández había sacado un ensayo sobre el particular, me tiré de cabeza. Y me tiré en la cama a leerlo, un poquito antes de cada siesta, por amor a la simetría.

 

Sin embargo, me entraba el sueño y lo he dejado a la mitad. Aunque con un acuerdo total a la filosofía de fondo, todo hay que decirlo. He vuelto —antes de dormirme— a leer un pensamiento de Pascal, sistematizado por Peter Kreeft. También por la simetría: ¿no se trata la cosa de saberse quedarse tranquilo cada uno en su cuarto? Pues ea.

 

Lo más interesante de mi siesta es su paradoja. Descanso mucho más que durmiendo por la noche, aunque dedique siete veces el tiempo de la siesta. ¿Será por pura españolía? He dado, recién levantado, con otra explicación mejor: la intensidad. Duermo profundamente, de un tirón, como un leño; mientras que por las noches me despierto algunas veces. La paradoja es que cada intervalo de sueño seguido por la noche es mayor que toda la siesta, pero, sin embargo, madrugo molido, más cansado incluso de lo que me acosté. La intensidad del descanso es una cuestión cualitativa, no cuantitativa. Lo que me ha recordado a esos que también miden la poesía al peso o por la longitud, como si un poema largo equivaliese a cinco poemas pequeños y para los que un haiku es poesía menor o cosas así. Pero no me quiero distraer del canto a la siesta. Otro de su encantos es bufo. Burlar doblemente el día: sacarte una noche de una manga y  sacarte un nuevo día en el mismo día de la otra manga.

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