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un blog de enrique garcía-maiquez

El chuletón de caníbales y reyes

En las últimas décadas del siglo pasado estuvieron muy de moda los libros de un provocador antropólogo, Marvin Harris, que falleció cuando arrancaba este siglo. Aquí tuvo el impulso de Gustavo Bueno, también fallecido, pero sus libros se vendieron por centenares de miles, y eso no se consigue con el único respaldo de un -también provocador- filósofo asturiano.

La primera edición en inglés de su “Vacas, cerdos, guerras y brujas” data de 1974. Yo creo que la traducción llegó a España después de su “Caníbales y reyes. Los orígenes de la cultura”, publicado -en su primera edición en inglés- en 1977.

La memoria falla mucho, pero recuerdo ambos como un fenómeno de los ‘ochenta’. La ‘movida’ y las curiosas explicaciones de Marvin Harris sobre por qué comemos -o no nos está permitido comer- cerdo, o por qué el canibalismo solo sobrevivió en unas pocas y aisladas tribus como premio de guerra, o por qué las culturas que más valoran el cordero evitan el cerdo. Por cierto, esto último solo se entiende porque el autor debía conocer poco España, donde el el lechazo y el lechón disputan mantel… con torreznos de aperitivo y los mejores quesos de vaca, oveja y cabra para el postre.

El tipo fue catalogado como un eximio miembro del “materialismo cultural”, sea eso lo que sea. Pensé en Harris al escuchar a un materialista tan inculto como nuestro incalificable ministro de Consumo su barata reivindicación del veganismo. Ay, lo que nos hemos perdido: ¡qué no habría escrito Harris para explicarnos esta repentina fe vegetariana de la mandona progresía gobernante!

Cuando murió, en 2001 con solo 74 años, aquí nadie se hizo eco. ¡Y había sido uno de los autores más vendidos de no ficción más de una década! Los pocos obituarios que pueden leerse en Internet tienen autores del entorno asturiano de Bueno, que se sorprenden del silencio. Así son las modas.

Y así serán también las modas, pero con muchísimo más motivo, con esta extravagante afición por los grillos desestructurados y demás comistrajos que nos intentan colocar. Lo que no pasará de moda es el chuletón, sea al punto, como dice que le gusta al muy-chuleta-Sánchez, o poco hecho, como lo prefiero yo. Ni el chuletón ni las chuletillas; ni el churrasco ni la falda… Todo eso permanecerá porque es, sencillamente, maravilloso.

Y, por cierto, para que no todo sea Marvin Harris, ¿qué tal un “Comimos y bebimos”, de Ignacio Peyró, para celebra el patinaje del ministro? ¿Qué tal un elogio a los mejores platos, al buen mantel y a las más cuidadas viandas como elogio a la vida?

Y ese pobre chico, ¿cómo se llama? ¿Garzón, dices? Pues -si eso- que vaya buscando ocupación.

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