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El asesino Parot no debe ser homenajeado

Cada vez que algún representante de Bildu sube a la tribuna en el Congreso, el diputado Adolfo Suárez Illana abre su ejemplar de Vidas Rotas, que publicaron en 2010 Florencio Domínguez, Rogelio Alonso y Marcos García, y se sumerge en la lectura de las breves biografías de las víctimas de ETA ahí retratadas. Se le ve bien porque Suárez es secretario de la Mesa, y su escaño está justo al lado de la tribuna de oradores.

 

Vidas Rotas está agotado pero, si tienen interés en conocer un buen estudio de los 50 años de terrorismo nacionalista, conviene leer ETA, 50 años de terrorismo nacionalista, una obra coral elaborada por una veintena de conocidos, y reconocidos, expertos en el análisis de la barbarie etarra, que incluye un breve diccionario para entender ese submundo. Es un libro impulsado por la Fundación Villacisneros y el CEU, en el que participa el recientemente fallecido Joseba Arregi para analizar la posición del PNV ante la barbarie de ETA.

 

Los 39 asesinados por Henri Parot son la más evidente muestra de esa barbarie. Entre otros, Parot mató al padre del diputado del PP Jaime Mateu, en 1978, y a las sobrinas del diputado de Vox José Alcaraz, en el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza en 1987. Y son todos ellos, todas sus víctimas y no el asesino, quienes merecen un homenaje que los amigos de ETA pretendían (y seguramente aún pretendan) celebrar este fin de semana.

 

No contentos con sus ongi etorris a los etarras excarcelados, ese submundo pretendió organizar para este sábado 18 de septiembre una exhibición de fuerza con una larga marcha, de 31 kilómetros, como protesta por los 31 años que lleva en prisión un tipo que acabó con la vida de 39 personas. Les parece mucho y eso que, en principio, la excarcelación de Parot está prevista para 2030. Es decir, aun si se cumple ese plazo con un criminal condenado a 4.799 años de cárcel, Parot sólo cumpliría un año de prisión por cada una de sus víctimas mortales.

 

Han tenido que desconvocar el acto principal ante la miríada de actos de repulsa al asesino y de homenaje a quienes sí deben ser homenajeadas: las víctimas. Aunque harán otros y quizá la desconvocatoria anunciada en la víspera solo pretenda desincentivar la participación ciudadana en los muchos actos de protesta convocados en Mondragón y en los distintos sitios de España en los que atentó Parot; un tipo, por cierto, que se ha beneficiado de la política de acercamiento que tiene en marcha, a toda máquina, el Gobierno de Sánchez. En abril fue trasladado de la prisión Puerto III, en Cádiz, a la de Mansilla de Mulas, en León, y se benefició del segundo grado.

 

Impresiona la hoja de servicios al crimen de Parot. Fue él quien relató su rosario de asesinatos tras ser detenido. Fue él quien animó después por carta a la banda terrorista a volar la Audiencia Nacional y el Ministerio del Interior. Y fue también él quien preparaba un atentado contra la Expo de Sevilla que no pudo cometer. Es incomprensible que nadie pueda querer homenajearle. Incomprensible, inadmisible, pero real… Hay un submundo que sigue jaleando el crimen, a sus asesinos y al proyecto totalitario al que sirvieron y sirven. Hoy dicen llamarse Bildu o Sare. Antes fueron Batasuna y ETA. No han desaparecido.

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