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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Delicadezas

 

Hace unas semanas, Manuel, el mendigo de los jesuitas, me convidó. Yo iba a los toros con prisa y en un grupo grande que no quería retrasar, pero me asomé a una tienda a ver si tenían agua. Vi que había una cola larga y petrificada y me salí sin pedir la botellita. Manuel, desde la calle, lo vio todo y entró de un salto, cogió la botella, le dijo a la dueña que luego se la pagaría y se abalanzó sobre mí para dármela. Se la quise pagar, pero él no lo admitió de ninguna de las maneras y yo entendí que entre señores y amigos, una vez por ti y otra por mí, y se lo agradecí y ya está. Era un agua fresquísima, sabrosa, dulce.

 

Se me pasó contarlo, pero hoy han tenido conmigo otra delicadeza aristocrática. Ha sido mi zapatero. Ya conté que me lee en el periódico. Hoy al verme a entrar me ha contado lo que disfruta con un libro en la playa por las tardes. No he tenido duda de que ha vuelto a leerme, pero como él sabe que lo sé no me lo ha dicho, sino que lo ha demostrado. No estoy acostumbrado a estos detalles. Lo más que me pasa es que digo algo y antes de que termine algún amigo me corta: «Sí, ya te lo hemos leído», y eso está bastante bien. Pero esto de echar a andar la conversación partiendo de la complicidad implícita no lo había visto nunca.

 

La foto que ilustra la entrada es de la biblioteca de Aquilino Duque, que tuvo la delicadeza de invitarnos anoche. Y ya son tres.

 

 

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