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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Cuidado con la lectura

Entre unas cosas y otras, hacía mucho tiempo que no tenía una mañana para leer tranquilo y por gusto, largo y tendido, con el sol entrando por el ventanal. Así, no me explicaba cómo puede haber personas que no mueran por leer. Qué delicia.

Empecé por el nuevo número de Nuestro Tiempo, saltándome mi artículo, por supuesto. Qué bueno es el ensayo sobre Carlos Pujol de Teresa Vallés-Botey, su editora; y qué estupendamente habla de los héroes José María Sánchez Galera. Te entran ganas de ser uno de ellos. «Mucho texto» de Paco Sánchez incidía en reírse (yo con él) de los alérgicos a la lectura reposada. Luego, para practicar con el ejemplo, me he ido con Prue Shaw, que explica de maravilla cómo y por qué la sombra de Guido Cavalcanti es alargada en la Divina Comedia. Charles Simic, más tarde, me regaló este aforismo luminoso en su libro El monstruo ama su laberinto: «La esperanza es que el poema termine siendo mejor que el poeta». Amén. Y también me apunto, ya puestos, a la esperanza de que mi vida termine siendo mejor que yo.

Así iba, tumbado, saltando de libro en libro, gozándolo, hasta que un poema de Pablo Anadón en La mesa de café y otros poemas (AMG, 2003) me ha golpeado muy fuerte. Cumplió al pie de la letra la letra de Manuel Machado: «A todos nos han cantao/ en una noche de juerga/ coplas que nos han matao». Que lo mío no fuese una noche de juerga, sino una mañana de goce no quita para que el golpe haya sido algo perfectamente serio.

El poema es el siguiente:

Y yo, como el pudoroso poeta, también he recordado una vez que mi madre lloró por mi culpa. Hará como treinta y cinco años. Entonces me pareció muy exagerada, porque tampoco yo había hecho (o había dejado de hacer) algo tan gordo. Pero ahora, al recordarlo, aunque distante y entrañable, he visto la razón que tenían sus lágrimas de entonces. Treinta y cinco años después. Y en un callado azogue. He entendido por qué hay tanta gente a la que no le gusta leer, aunque a mí, en momentos como éste, con el corazón en un puño, me guste aún más. O, mejor dicho, lo necesite más.

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