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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Corredor de fondo

 

En el bolsillo de una chaqueta encuentro una servilleta como el arpa de Bécquer, de su dueño del todo olvidada. Son algunas notas que tomé para narrar mi penúltimo viaje a Madrid. Me asombra ver lo olvidados que ya tenía estos episodios recientes. Y todavía más: los olvidados que los tengo. Hay varias anotaciones que ni la menor idea de a lo que se refieren. Es una razón (estrictamente personal) para llevar un diario.

 

También veo (una razón para no llevar el diario) que algunas de las anécdotas son intrascendentes. No hemos perdido nada porque no cuente la impresión que me hizo la realizadora de televisión (en chándal y con botas de presquí) dándole órdenes al arzobispo de Madrid en la misa televisada. La rabia que me dio que le diese entrada a la misa, tres, dos, uno, ¡ya!, se compensó viendo que luego el cardenal Ossoro no le hizo ningún caso a sus peticiones de que cortase (hacía la tijereta con la mano en alto y dando furiosos saltitos) la homilía. Y me alegró por la dignidad de la Iglesia, no tanto por la homilía, que tampoco hubiese perdido nada de ser más recortada.

 

Sin embargo, se habría perdido una imagen que sí valía. No fuimos en taxi al CEU para esa misa solemne de la clausura del Congreso Católicos y Vida Pública porque se estaba corriendo en Madrid un maratón que tenía cortado el tráfico. Fuimos andando. Pero también estaba cortado para los peatones. Pasaban montones y montones de enjutos corredores. En un momento dado nos empezamos a agobiar por la hora. Nos lanzamos a cruzar corriendo la ancha avenida, aprovechando un momentáneo claro. No podremos decir que hemos corrido «delante» de la polícía, pero sí que corrimos «ante» la policía, que miraba con inmensa desaprobación a esos dos señores enchaquetados trotando transversalmente. No nos dio mucho tiempo a disfrutar de las delicias del anarquismo porque se nos echaron enseguida encima nuevos deportistas, que, si iban retrasados, no era porque fuesen lentos. Ellos nos esquivaban y nosotros a ellos, todos corriendo en direcciones diversas. La soledad del corredor de fondo debe de ser en  los «entrenos», como se dice en el mundillo. En Madrid la carrera de fondo era una feria de Sevilla .

 

Como yo soy un firme partidario del refrán «Pescador que pesca un pez/ pescador es», a partir de ese maratón en vertical que hice, me considero corredor de fondo, en cierta medida. ¿O no había corrido en el maratón de Madrid, eh, y de lo lindo, con toda la emoción?

 

Prodigioso evento deportivo (en mi caso) que se había perdido en las brumas de mi olvido si no llego a dar con esa servilleta en esta chaqueta. Ahora aquí se queda, en el diario, como una medalla de consolación.

 

 

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