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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Ceceo

 

El artículo del «…zi pueo», me ha recordado que hace un año me propuse hablar del premio Adonáis de Abraham Guerrero: Toda la violenciaTambién él es de Arcos de la Frontera, como Pedro Sevilla, y tiene un artículo dedicado al ceceo:

 

CECEO

Nacimos en la cal y vimos
cómo se convirtieron nuestros pueblos
en baratos destinos de agencias de viajes,
apacibles lugares donde oxigenar
los pies enfermos en días nublados,
edén para el turista
que se hace con las casas
que construyeron nuestros padres,
que se come el marisco
que pescaron nuestros abuelos,
que se calienta al sol de las terrazas
y da buenas propinas mientras ríe
cuando oye nuestra zeta.
Qué graciosos, nos dice, que graciosos.

Ahora, nos mudamos a las capitales
con la provincia en la maleta
y una licenciatura bajo el brazo,
porque en el pueblo ya fuimos, ya todo,
ya no.
Encontramos trabajos con recelo al acento,
comemos en McDonald’s,
y si alguien nos escucha hablar
se burla de nuestra zeta.
Qué graciosos, repiten, qué graciosos.

También vamos al cine,
vemos películas americanas
donde el sureño esclavo, analfabeto y hambriento,
tiene un acento en el doblaje
idéntico al de aquellos que en España
nacimos en la cal.
Más tarde volvemos a casa, donde
nos espera una cena fría y rápida.

Mientras comemos,
una criada que cecea
friega los platos y provoca risas
a los muchachos
de una serie de televisión

 

El arranque de mi proyectada y postergada reseña era, precisamente, compararlo con Pedro Sevilla, pero para todo lo contrario. Para notar que, mientras Sevilla es uno de nuestros últimos poetas rurales, Abraham Guerrero ya es un poeta de la aldea global, con todas las angustias generacionales propias. Hubiese quedado muy bien, poniendo a ambos poetas por las nubes, como les corresponde y es propio, además, de Arcos, un pueblo encaramado al cielo.

 

El poema «Ceceo» de Guerrero gustó mucho al jurado del premio y ha gustado mucho: lo oigo por aquí y por allá. A mí, quizá porque soy de la tierra, reconociéndolo, me entusiasmó menos. Mi poema-estremecimiento de Toda la violencia fue y es y será «Predictor». Claro que lo del hijo que no se tiene y se tiene o no, es un tema —amén de bíblico— muy mío, como se ve aquí. El poema de Abraham es extraordinario, con su final abierto:

 

 

 

 

 

 

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