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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Caramba

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Llego al AVE temprano y entro en mi coche casi vacío. Hay un bolso en mi sitio. Lo paso suavemente al asiento de al lado y se vuelve un caballero japonés del asiento de delante a decirme que es de su esposa que, en efecto, tiene el asiento de al lado. Le ofrezco cambiar nuestros asientos para que así pueda viajar con la señora de sus pensamientos. Me dice, precisamente, que se lo tiene que pensar.

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Llega la señora y no le dice nada. Espera. Como nadie se sienta al lado del señor, calla. O sea, que me deja ir con su mujer para poder ir más repantingado. Yo, que ya echo de menos a Leonor, siento un ligero repunte de indignación caballeresca y conyugal, pero con media sonrisa.

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¿Por qué?

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De reojo miro a mi acompañante; y me acuerdo del Tuerto López. Caramba, qué guapa y elegante es, además de mucho más joven que su adusto marido. No me acuerdo de Luis Carlos López por el estrabismo, aunque ahora también, sino por su famoso soneto de título (y nada más que de título) juanramoniano:

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¡CIELO Y MAR!

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¡Cielo y mar, cielo y mar!… Indiferente

me tumbo en un sillón hecho un lingote,

porque si voy al camarote, al puente

torno con más spleen del camarote.

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Si a lo menos inesperadamente

surgiese allá en el mar, en el molote

del hosco mar —eterno delincuente—

la banca vela triangular de un bote…

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La blanca vela, un farallón, un faro

y… ¡cualquier cosa en este desamparo!

Mas de improviso, linda y fachendosa

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cruza una camarera… ¿De manera

que aquí tenemos una camarera…?

¡Caramba!… Ya la cosa es otra cosa.

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El Tuerto López y yo nos hemos empezado a apiadar del marido, que quizá por una boba comodidad o por una ascética costumbre de samurái que dejan que ellas vayan un paso por detrás, ha renunciado a viajar con esta señora, casi señorita, tan dulce, sonriente, elegante y silenciosa. Ahora se despereza casi imperceptiblemente con delicadeza de flor que se abre. Yo, desde luego, spleen no tengo.

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