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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Boinas 2.0

Estar mucho tiempo en casa, leyendo o hablando con los tuyos, te entorpece para la vida social. Y viceversa. Mi caso es el primero. Y el otro día, en una cena de viejos amigos que nos vemos pocos, tomé la palabra. Fatalmente dije que yo le tenía una gran manía a las gorritas de beisbol.

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Hace muchos años pensé o escribí —les contaba— que eran la boina postmoderna. Eso estaba inspirado en Antonio, el jardinero de casa de mi padre. Cuando yo era niño ya tenía la misma vetusta edad que ahora mismo, cuarenta años después, y la misma cara de olivo ancestral. Sólo cambió que un día dejó de llegar con boina y se puso una gorra de beisbol. Yo entendí entonces que lo de la americanización de Europa venía en serio.

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Luego fui viendo como la gorra de beisbol iba ascendiendo social y cronológicamente, y mi tolerancia al fenómeno se hacía inversamente proporcional. Antonio, que es un sabio y trabaja al sol, puede ponerse lo que mejor le convenga. Pero —sostenía yo— las élites y las personas mayores (de mi edad) tienen la obligación de velar por la indumentaria nacional. Un leve sombrero panamá, una boina si uno es vasco o emprende una guerra carlista, un sombrero de paja, uno cordobés, en la feria… No sé, cosas normales. Esos tipos mayores que no están jugando al béisbol o cavando en el arriate y que llevan su gorra como si fueran Holden Cauldfield me resultan sumamente chocantes.

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Acabé mi discurso, que, con el enardecimiento se había alargado y elevado un poco, y miré a mis viejos amigos. Todos usaban gorra de beisbol, confesaron al unísono. Por lo visto, es muy favorecedora, si se la mira sin mis prejuicios. Tartamudeé, pedí disculpas y me sumí en un meditabundo silencio (cinco minutos).

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