X
LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Bizco

Ayer, en la procesión, me iba riendo solo. Se me habían empañado las gafas enseguida, como siempre, y me las tuve que quitar. Encima, el velillo se me metía en el ojo o se me salía del campo de visión. Por otro lado, no resistía a la tentación de escrutar al público congregado. Me enternece ver cómo van envejeciendo los señores y las señoras de mi edad (como es un pueblo, nos conocemos todos). También me emocionó ver juntos a los amigos de alguna pandilla rival de mi adolescencia. Ellos también han conservado la amistad, ¡bien por ellos! Advertí un extraño sesgo, que quizá sea del observador: las jovencitas del Puerto siguen tan monas como antaño y son más que los chicos, donde hay pocos clásicos, digamos..

El caso es que iba mirando haciendo grandes esfuerzos contra los elementos, casi bizqueando; y recordé lo que me había contado mi suegra hacía unas horas y que no merece perderse en el olvido.

Había en Cádiz un caballero de un extremo estrabismo, o sea, bizco perdido. Un día estaba sentado en una cafetería cerca de un matrimonio. Ella era de una belleza excepcional. El marido, de golpe, se levanta muy enfadado, se dirige al señor estrábico y le afea que esté mirando de ese modo tan intenso a su esposa.

El caballero gaditano, muy ceremonioso, le dice que ha de felicitarle por dos cosas. La primera, por la hermosura extraordinaria de su mujer. La segunda, por su perspicacia: en sesenta años, ha sido el primero en saber adónde estaba mirando él, lo que también era extraordinario.

Es quizá muy frívolo, pero me sirvió de industria humana para acordarme de mi suegra.

La foto de la ilustración es una vista a través de un velillo. No la hice yo, sino que soy el que sale en primer plano.

También te puede interesar