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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Anglicismos

Unos queridos y sesudos amigos, con los que comparto un foro, leen mi artículo sobre el conflicto generacional. Oh; pero mi gozo en un pozo. No me alaban el argumentario ni, tan siquiera, la prosa. Qué va. El hilo de los comentario se enreda en la madeja del abuso de los extranjerismos. ¿Por qué el español parece condenado a acoger más y más inmigrantes ilegales semánticos, digamos? Yo hago una defensa de la emigración legal; y me dicen que sí, qué claro, que eso ha ocurrido siempre, pero que últimamente parece que se han roto los diques.

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Nadie echa cuenta a mi artículo.

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En un intento desesperado de traer las cosas —los comentarios— a su —ejem— sitio, propongo españolizar los términos generacionales. Con los millennials sale sólo: «milenarios», con un eco a «mileurista» y otro a los terrores del milenio. Nos gusta. Más discusión filológica levantan los boomers. Se propone «familiones», que oscila entre la connotación positiva de la familia y la épica de los mirmidones. Quizá se nota demasiado que estos espontáneos lingüistas somos muy familiones. Otro propone, en guiño a unas famosas declaraciones del papa Francisco, llamarnos «conejeros», en referencia a aquellos tiempos en que las familias tenían sus madrigueras en propiedad y una tasa de fecundidad que quién la cogiese ahora. Este término tiene la ventaja, amén de su guiño vaticano, que no es tan positivo como el otro. Me gusta.

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¿Qué hacemos con los zoomers? Los «mascarillos» propone alguien, como recordatorio de los tiempos emboscados en que les tocó crecer. Demasiado explicativo, me parece. Los «zetáceos», tirando de aliteración, quizá valga. Además, remite a su fuerza y a las ganas que tienen de salir a la superficie a respirar (¡y a salpicar!).

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Cualquiera sabe qué diría Nebrija de esto. Pero por resistir en la valla del idioma que no quede.

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