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LO LEÍDO
y lo liado
un blog de enrique garcía-maiquez

Alegrías

Llego tarde a la cena en casa de Marina, pero no quiero dejar de apuntar, a vuelapluma, las pequeñas alegrías del día.

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Por problemas de logística, Carmen me tuvo que acompañar esta mañana a la consulta del médico. Me sentí arropado y me encantó que viese la calavera de verdad que tenía sobre la mesa de su consulta. Se miraron a la cara, Carmen y la calavera, un buen rato. Carmen le aguantó la mirada la mar de bien.

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Oh la sonrisa de una chica bastante fea que iba de la mano de su novio.

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También yo he sonreído cuando he entrado a saludar al Santísimo expuesto en la iglesia de las Esclavas. Y me he sentido exactamente como la chica de antes.

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Y chorreaban felicidad los albañiles de la furgoneta que se ha parado justo a mi lado en el largo atasco. Se notaba que llevaban el aire acondicionado y que no les importaba no llegar tan pronto a la obra. Yo ni tengo aire acondiciona y sí tenía prisa, pero me regalaron su alegría.

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Escribe Carlos Edmundo de Ory: «Me gusta mucho la palabra «muchísimo»». Y uno adivina que primero escribió «Me gusta muchísimo la palabra «muchísimo»», pero luego tuvo el talento de cambiarlo y lo que era un jueguito se convirtió en una delicia. Menos es muchísimo más. O mucho más.

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Se me ocurrió una seguidilla y la escribí. Y estaba muy contento. Luego la releí. Y la tiré a la papelera. Y estaba muy contento de haberla tirado.

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Podría seguir, y Marina me perdonará que llegue tarde, pero tampoco es plan. La cena ya no es en su casa de soltera, claro, pero yo recordaré a su padre.

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Había pensado ilustrar esta entrada con una imagen de Jules Renard. Signo de que en algún momento una de mis alegrías del día fue un recuerdo a alguna idea suya. Pero ahora, con las prisas, se me ha olvidad. Da igual, pongo su foto igual, si no ya como cita, como homenaje. Y tan contento.

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